En el huerto aquel de la casona vieja,
donde mis ilusiones se vieron florecer,
en el huerto aquel sembrado de esperanzas,
que a la sombra de un roble se dieron por crecer.
  
Y ese roble robusto y frondoso,
arraigado en el huerto a su tierra,
esa tierra le nutre su savia
lo llena de vida, de fuerza y valor.
Ese roble es mi padre, mi viejo,
con arrugas que adornan su rostro,
son las huellas del árbol perenne
que siembra la vida y germina el amor.
  
¡Cómo pasan los años!, hoy estoy descubriendo
que me estoy convirtiendo, en un viejo también.
¡Cómo pasan los años!, parece que fue ayer
que a la sombra de un roble, roble soñaba ser.
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