A continuación, presento mi descargo… Entendería completamente si para ti no significó absolutamente que el alcohol haya hecho de las suyas, que ambos nos vulneráramos con el otro, que con tus manos me hayas desnudado y hayas visto cada rincón de mi piel. Entiendo completamente que, tal como me dijiste, huyes cuando se avecina una tormenta, y prefieres evadir todo tipo de situación que conlleve mostrarte débil o mostrar algún tipo de florecer de sentimientos ajenos a tus deseos en este momento. Entiendo y soy consciente que evites todo tipo de contacto, pues es tu manera de camuflar lo que en algún momento ocurrió. Estúpidamente intento comprender por qué un martes como cualquier otro decidiste que lo mejor era evitarme e ignorarme a toda costa, mientras yo me quedaba con tu recuerdo diciéndome “háblame”, “cuéntame sobre tus sentimientos”, “ábrete hacia mí” …

¿Cómo se supone que debo actuar? Si cada que te miro, recuerdo solamente tu mirada posada sobre mis labios, si cada que te hablo recuerdo vívidamente tu “no me arrepiento”, si cada que suena la canción que pusiste todo vuelve a mi mente como si hubiéramos regresado al momento en el que me conociste vulnerable.

Muy probablemente hice la mejor película del año en la comodidad de mi mente y simplemente fui una más a la que te entregaste, o fui un desliz de borrachera… Por ahora y mientras tanto, estoy en el proceso de que tú lo seas.

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