Un molesto dolor de cabeza me impide pensar con claridad, así como el dolor del alma me impidió ser una persona común. Han pasado años y sigo en el mismo lugar, sin capacidad de mejorar, sin una chance que me permita desarrollarme. El tiempo pasa y la juventud no es eterna, en realidad se siente efímera. A una parte de mí se le ha hecho costumbre esto de sufrir, lo siente como una forma de vida. No es sano pensar constantemente en las consecuencias de tus acciones, a veces es mejor funcionar en automático. Dicen que el ignorante no sufre, es feliz para siempre en su mundo ficticio. Yo sería el hombre que lucha por sus ideas, no renuncia jamás, atravesando una vida cargada de existencialismo y obstáculos. Si pudiera controlar mis emociones, tendría el poder que nadie posee, el poder que perdimos con el pasar de los años. Quisiera ser un sujeto insensible, rozando el límite de la humanidad. Sin embargo, me miro al espejo y sigo siendo el mismo, un humano más.
Como hombre, mentiría si dijera que no abandonaría todo lo que soy por la compañía de una mujer. En estos casos, cuando pierdes el rumbo de tu vida, ese factor diferencial de feminidad es la mejor de las anestesias; admiro la capacidad que tienen dos personas completamente distintas para amarse sin remordimiento. Amor de carne, amor de confianza, amor protector, amor dependiente. Sin importar cuantas veces lo piense, es el amor la solución más efectiva a cualquier dolor. Incluso los dolores que este puede generar resultan beneficiosos para uno.
“Daria la vida por volver a verla” y estar con ella. ¿Y quién es ella? Un ser mortal y pronto muerto, nadie que merezca reconocimiento. A mis ojos, fue casi un Dios, la mujer Dios. Tan solo imaginen una persona capaz de controlar tus acciones, en quien confías, a quien valoras por encima del resto. Sin embargo, es un Dios falso, pues puede desaparecer en cualquier momento y será fácil olvidarlo. Ella es única, pero habrá otras. Pasaron muchos años de aquel 29 de enero. Ella podría tener hijos, pareja, un título, un trabajo, podría ser desde una exitosa profesional, hasta una completa desgraciada. Me duele saber que algún día la perderé y la profecía de nuestro amor no será más que un cuento de hadas. Ahora pienso en otras, quizá no debería, pero de alguna forma debo llenar el vacío que me provoca vivir sin la persona más importante.
Las noches de invierno son crueles, cada ventisca me recuerda el día de nuestro abrazo. Quisiera sentir tu calor por una noche, como pastillas que calman los dolores temporales, y te duermes pensando que estarás mejor al otro día. Te espero con el calor de la fiebre, alucinando entre pensamientos. Llego a confundir la realidad con la ficción. A veces te encuentras en mi cama, pero me doy vuelta y no te veo. Puedo tocar tu piel como si estuvieras aquí, nuestros anillos chocan provocando un sonido metálico. Sigues usando el anillo que te regalé, todavía me recuerdas. Creo que de tanto pensarte algún día te haré aparecer, como un mago que cumple sus propios deseos.
Girabas y el viento levantaba tu falda azul marino, quise inmortalizarte en una foto de tu mejor momento. Fuiste feliz conmigo, pero en algún momento dejaste de serlo. Estaba obsesionado con tus piernas, lo sabías y aprovechabas cada oportunidad para acariciarme con ellas. Las pusiste en mis hombros, rodeaste mi cuello tratando de ahorcarme, así no volvería a estar con ninguna mujer mientras tu desarrollabas tu sexualidad lejos de mí. Siempre disfrutaste de ser mi musa. Ojalá hayas encontrado una mejor posición, más digna de ti. Desde que te fuiste, veo tus fotos todos los días. Fue lo único que me dejaste, ya sean con o sin ropa, te admiraba como una obra de arte. Me acerqué a la pantalla para besarte, para besar tus senos, para besar tus labios, para besar tus muslos. Pero no estás aquí, tu aroma ha desaparecido, y con él todo lo que vivimos. Pronto seremos una anécdota olvidada, asesinada por el paso del tiempo.
Como dije, el dolor de cabeza me está matando. No tengo concentración, inspiración o esperanza. Solo tengo una angustia terrible. Llegará el día que estas ideas acabarán por matarme, y espero que vuelvas antes de que sea demasiado tarde. Puedes usarme, puedes quererme, pero si dejas pasar las oportunidades acabaré perdiéndote. Vendrán opciones tentadoras, entre ellas la muerte, que me mira con lujuria desde hace unos años. Tanta es su envidia, que me manda un mensaje cada vez que reviso el celular para ver si estás conectada.
Este 29 de enero estaré vivo, pero quien sabe el siguiente. Al final del camino esta fecha nos representa, porque la mujer que alguna vez amé festeja su día más especial. Mientras pueda aferrarme desesperadamente a los momentos felices, este dolor no tiene el poder de llevarme… pero lo tendrá.
No te mueras.Noche de inviernoOjos de gatoLos amaneceresbritneycomo debe sertips para cancionesComo hombre, mentiría si dijera que no abandonaría todo lo que soy por la compañía de una mujer. En estos casos, cuando pierdes el rumbo de tu vida, ese factor diferencial de feminidad es la mejor de las anestesias; admiro la capacidad que tienen dos personas completamente distintas para amarse sin remordimiento. Amor de carne, amor de confianza, amor protector, amor dependiente. Sin importar cuantas veces lo piense, es el amor la solución más efectiva a cualquier dolor. Incluso los dolores que este puede generar resultan beneficiosos para uno.
“Daria la vida por volver a verla” y estar con ella. ¿Y quién es ella? Un ser mortal y pronto muerto, nadie que merezca reconocimiento. A mis ojos, fue casi un Dios, la mujer Dios. Tan solo imaginen una persona capaz de controlar tus acciones, en quien confías, a quien valoras por encima del resto. Sin embargo, es un Dios falso, pues puede desaparecer en cualquier momento y será fácil olvidarlo. Ella es única, pero habrá otras. Pasaron muchos años de aquel 29 de enero. Ella podría tener hijos, pareja, un título, un trabajo, podría ser desde una exitosa profesional, hasta una completa desgraciada. Me duele saber que algún día la perderé y la profecía de nuestro amor no será más que un cuento de hadas. Ahora pienso en otras, quizá no debería, pero de alguna forma debo llenar el vacío que me provoca vivir sin la persona más importante.
Las noches de invierno son crueles, cada ventisca me recuerda el día de nuestro abrazo. Quisiera sentir tu calor por una noche, como pastillas que calman los dolores temporales, y te duermes pensando que estarás mejor al otro día. Te espero con el calor de la fiebre, alucinando entre pensamientos. Llego a confundir la realidad con la ficción. A veces te encuentras en mi cama, pero me doy vuelta y no te veo. Puedo tocar tu piel como si estuvieras aquí, nuestros anillos chocan provocando un sonido metálico. Sigues usando el anillo que te regalé, todavía me recuerdas. Creo que de tanto pensarte algún día te haré aparecer, como un mago que cumple sus propios deseos.
Girabas y el viento levantaba tu falda azul marino, quise inmortalizarte en una foto de tu mejor momento. Fuiste feliz conmigo, pero en algún momento dejaste de serlo. Estaba obsesionado con tus piernas, lo sabías y aprovechabas cada oportunidad para acariciarme con ellas. Las pusiste en mis hombros, rodeaste mi cuello tratando de ahorcarme, así no volvería a estar con ninguna mujer mientras tu desarrollabas tu sexualidad lejos de mí. Siempre disfrutaste de ser mi musa. Ojalá hayas encontrado una mejor posición, más digna de ti. Desde que te fuiste, veo tus fotos todos los días. Fue lo único que me dejaste, ya sean con o sin ropa, te admiraba como una obra de arte. Me acerqué a la pantalla para besarte, para besar tus senos, para besar tus labios, para besar tus muslos. Pero no estás aquí, tu aroma ha desaparecido, y con él todo lo que vivimos. Pronto seremos una anécdota olvidada, asesinada por el paso del tiempo.
Como dije, el dolor de cabeza me está matando. No tengo concentración, inspiración o esperanza. Solo tengo una angustia terrible. Llegará el día que estas ideas acabarán por matarme, y espero que vuelvas antes de que sea demasiado tarde. Puedes usarme, puedes quererme, pero si dejas pasar las oportunidades acabaré perdiéndote. Vendrán opciones tentadoras, entre ellas la muerte, que me mira con lujuria desde hace unos años. Tanta es su envidia, que me manda un mensaje cada vez que reviso el celular para ver si estás conectada.
Este 29 de enero estaré vivo, pero quien sabe el siguiente. Al final del camino esta fecha nos representa, porque la mujer que alguna vez amé festeja su día más especial. Mientras pueda aferrarme desesperadamente a los momentos felices, este dolor no tiene el poder de llevarme… pero lo tendrá.
29 de enero
25 de enero de 2022·5 min de lectura
Un molesto dolor de cabeza me impide pensar con claridad, así como el dolor del alma me impidió ser una persona común.
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