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Publicado en Apr 06, 2021
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"No puedes pretender querer acariciar la flor del cardo que yace solo en medio de un lodazal y no salir salpicada por la suciedad y porquería que a este le rodea"
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De los amores, dulces flores que destellan radiante al sol de la primavera y al mismo tiempo afiladas espinas que no vacilaran en cortar tu frío corazón en el crudo invierno. He tenido algunas relaciones, unas muy importantes otras sin significado como amores de adolescencia, el punto es el mismo. Jamás he podido encontrar a esa media naranja que sea fin con lo que busco, más bien creo que esto se trata de acomodarse a la otra persona, y así llevar un buen pasar en lo posible sin alteraciones. Para algunos el matrimonio es un ataúd y cada hijo es un clavo más a este, como dijo un tal Homero Simpson, otros atados por compromisos sociales del que dirán todos si se separan, otras teniendo hijos para afianzar la relación, dependientes como niños de otra persona, el apego en su máxima expresión. Recuerdo una, su nombre es la palabra que se les da a las personas que pasan por situaciones difíciles o que han pasado por momentos muy fuertes que han chocado con su vida, hay se los dejo de tarea por si adivinan, lo cual no está complicado. Comencé a charlar con ella en tiempo de invierno, las charlas y el entendimiento dieron paso a una conexión única a mi parecer, los meses pasaron y llego la primavera, fue ella quien se me declaró, fue un momento de éxtasis no lo negaré. Comenzamos a pololear en línea, nos dedicábamos cientos de palabras de amor que al menos yo juraba eran eternas, luego con el paso del tiempo me di cuenta de que solo era un peón en el juego de una astuta persona, pero el amor es ciego y aunque te estés pegando con un poste en la cara no querrás ver las cosas solo por permanecer al lado de lo que se llamaría una persona ideal. Una mujer llena de juventud, belleza, inteligencia, todo lo que a un hombre encanta. Ella ordenaba mi mundo, le traía belleza, le quería y le amaba, según el entendimiento que tenía por esos años, nuestro juego de amor duro al menos unos cuatro años, de los cuales la vi en persona dos o tres veces como máximo. Esa droga de persona que era ella me engatusaba y me dejaba como bobo a merced de lo que ella dijera. Pero al final todo termino por mis arrebatos de alcohol, siempre dependiente de mi botella y de andar tres días o cuatro de parranda, fueron el gatillante que propulso mi caída de sus alas, no niego que tal vez si me quiso de verdad, o solo fui un juego entre los tantos que supe tenía, pero aprendí de ello, uno no se puede negar así mismo, no sé de errores, solo se dé cosas o  situaciones que no volvería  a sentir o a pasar, por los malos tiempos que trae. El día en que todo termino nos íbamos acostar juntos y yo ser su primer hombre, pero no quise, la noche anterior me puse a beber y a la hora dé, estaba ya bien ido, le llame para avisarle y me dijo que la fuese a ver para hablar, viaje en el bus alrededor de 50 minutos y llegue donde ella, ahí lloro, porque yo estaba ebrio, trasnochado, ojos rojos y tal vez con un aliento que desanimaría a cualquier persona, puesto que al beber siento la necesidad urgente de masticar los cigarros, me dijo que no importaba y que buscáramos un motel, el instinto quería hacerlo pero mi consciencia me dictaba algo muy contrario, por algo no pasó nada. Regrese a mi pueblo, pero antes me baje en un pueblito a unos 20 kilómetros de donde vivía en ese entonces, ¿y adivinen a qué?, a beber señores, me metí a un baile y compre cervezas, bebí fume, tomé el bus y me baje en el siguiente pueblo a hacer lo mismo, en eso recibo una llamada de la madre de ella que me decía; ¿Que qué le había hecho a su hija que había llegado llorando a la casa? etc. A lo que mi respuesta fue; nada señora solo hablamos y de seguro se molestó por que andaba ebrio … Pasaron los días, me perdonó, pero volvió a suceder lo mismo, en menos de dos días ya estaba de parranda nuevamente, adiós relación, adiós todo, adiós pétalos de rosas bienvenidas espinas oxidadas e infectadas. Fue un dolor todo aquello de meses, luego de años, y muchos años, me costó un mundo que saliera de mi cabeza y aún llega de vez en cuando a molestar con su recuerdo, pero ya solo es un sancudo que vuela en la habitación en una noche oscura y silenciosa. Como perdemos la quietud en amores terrenales, dando por sentado que no las queremos perder, nos entregamos con todo para recibir míseras migajas que en la mayoría de los casos son las que caen bajo la mesa, mientras enviamos amor en pensamiento, la otra persona se revuelca con otros en sábanas blancas y suaves. El sentir que esa persona no se va a ir nunca es la seguridad de un castillo de relación, pero cuando sopla la más mínima briza de dudas los pilares que creíamos inamovibles se tambalean, el temor se apodera de uno y ya el castillo no es más que una choza de paja y la otra persona te mira con un fosforo en la mano, sumado a una mirada que nunca le conociste. Buscamos en tierra lo que se nos da en la eternidad, desechamos el amor propio a cambio de una belleza física sin alma que basa sus formas de ser en una vil y dramática telenovela venezolana, haciendo de pequeños problemas mares bravos dentro de un vaso de agua. La parte cerebral encargada de regular el amor en la vida física se encuentra al lado de la que regula las adicciones así que la reacción al amor es casi la misma de la dependencia de alguna droga y cuando esta te falta viene la abstinencia y es por ello que cuesta tanto dejar a una persona que uno ha querido y si a esto le sumas el orgullo, el ego, y el no encontraré otra persona como esa, olvídate, estás en serios problemas y en muchos casos las botellas se hacen tus amantes, las latas de cervezas los únicos labios que besas y los cigarros, el veneno de serpiente que ingieres como chimenea, unos leños secos quemándose lentamente en la boca. En ese momento solo le preguntas a dios ¿Por qué? Él no da la respuesta en el momento, pero con el pasar de los años todo se ve más claro, pero, aunque lo veas tal vez vuelvas a caer en lo mismo, se es amante de tropezar con la misma piedra, ya sea por costumbre o por aburrimiento, pero siempre va a llegar el día en que pesques esa piedra y la tires lejos,  ¡ojalá golpee a ese tal cupido!, que en una debilidad te hizo entregar todo a cambio de nada. Si supieras el amor que Dios tiene para ti, no buscarías el cobarde amor que entregamos los humanos. despert
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Foto del autor Jonathan Ibarra Luman
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Palabras Clave: 4.

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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