LA EXTRAA CEREMONIA
Publicado en Mar 02, 2020
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LA EXTRAÑA CEREMONIA.
 
 
            Mi historia comienza en el puente de noviembre, en el puente de todos los Santos, cuando nos acordamos de todos seres queridos que ya no están con nosotros. Necesitaba despejarme, salir y dejar que mis muertos descansaran.
            Aparecí en un pueblo andaluz de lo más tradicional, Iglesias y conventos aireaban la conquista castellana sobre los musulmanes. Me refugié en el Parador que desde su cima podía vigilar al pueblo. Unas instalaciones y unas dimensiones en las habitaciones que cubrían todas mis comodidades; la cama doble, con sábanas blancas y unas vistas a la piscina me sobrecogieron; ya estaba disfrutando por todos los poros. La amabilidad del personal, con su acento cantarín de la zona, solo hicieron que me alegrara más aun de la elección.
Sí… Iba a dejarme llevar por los sentidos, pasear, ver conventos, sentarme y observar el día a día del pueblo porque yo no era nadie, solo una de fuera, con lo que el anonimato me permitía adentrarme en las conversaciones de los convecinos mientras bebía un refresco. Que Paz. Podía deleitarme viendo y sintiendo los segundos. ¿Cuánto tiempo hacía que no sabía lo que era transcurrir los segundos, minutos y horas? Tanta tecnología que simplifica y hace veloz el tiempo: y éste nos devora.
            Llegó la noche. La víspera del 31 de octubre de 2017, nadie en las calles, la fiesta era la siguiente noche. Me recogí en mi habitación. Mi cama, mi lectura, mis gafas, mi pijama, mi gran habitación…y mi silencio para sentir. Suspiré por puro disfrute y, no llevaba ni media hora en mi paraíso cuando…la habitación de al lado estaban de fiesta. Carcajadas, gritos de celebración y portazos de entrar y salir de la habitación.
Lo siento mucho pero no lo soportaba. Respiré hondo y me recordé que soy muy impulsiva, que debía razonar y tranquilizarme. Sí. Lo hice quince minutos. Y antes de que volviera a razonar y me auto-convenciera, que bajara pulsaciones y fuera humana con mis vecinos, ya estaba aporreando la puerta de su habitación.
 Para mi sorpresa, me abrió la puerta una dama con pelo blanco, ojos azules chispeantes con copa de champagne en mano, hablando en inglés y con interrogación en la cara. Leí una extraña superioridad en su rostro, la puerta la entreabrió, pero pude captar que había como cinco personas más, parecían una familia celebrando un cumpleaños, tal como luego me informó el recepcionista.  Saqué todo lo que recordaba de mis conocimientos con el fin de no dar una imagen patética regañando en inglés. Patética estaba, pues la risotada de la dama y los comentarios del coro de habitación me hicieron ver que me estaban mandando más allá del infinito.
            No dudé en ir a recepción a chivarme. Se iban a enterar. El profe, digo el recepcionista los iba a poner en su lugar o llamaría a la policía ¡Qué se habían creído…! Eso era un Parador donde va la gente con categoría a descansar. Categoría era tener un saber estar ¿No? El recepcionista tenía ese puesto en el Parador porque lo valía, seguro que había pasado pruebas psicológicas y adiestramiento en caracteres de todo tipo. Me dio la razón, asentía con la cara mientras su gesto repetía cuánta razón tenía y lo que estaba soportando como si de una guerra le estuviera hablando; para resolver, me daba otra habitación en el otro lado del pasillo y lo más lejos de “esa gente”. No tendría que mudarme, solo dormir, tendría dos dormitorios, uno con mis cosas, y en el otro dormiría, no tendría que molestarme en llevar nada. Y a la mañana siguiente cuando quisiera devolvía la llave. Ante mi cara perpleja inmediatamente añadió que por supuesto iba a llamar a poner orden a esa habitación pero que yo me merecía descansar y no estar preocupada…
Y así hice, con una sombra de duda en mis pensamientos… Al final, los que habían ganado eran “los otros”. Me llevé el bolso, el ordenador y ya está. La nueva habitación quedaba lejos, me puse unos vaqueros y la camiseta del pijama, no necesitaba nada más.
Me desperté a media noche, soy muy meona, y cuál fue mi sorpresa que no había luz. La tarjeta se había desconfigurado, había luz en el pasillo, la tele y el aire acondicionado funcionaban. A tientas y a golpetazos con objetos y pared conseguí llegar al inodoro y la vuelta a la cama lo mismo, lo mismo de golpetazos, claro. No conseguía conciliar el sueño así que a las siete de la mañana decidí volver a mi habitación ya que “los otros “se iban a las seis. Me fui a mi habitación inicial con la melena como una leona, no tenía con qué peinarme ni luz, los vaqueros y la camiseta del pijama, con la cara recién levantada tenía todo el aspecto de una Zombi. Llegué a la habitación y la tarjeta de esa habitación tampoco funcionaba. Perfecto, siete de la mañana, todavía de noche, con pinta de ultratumba y como si hubiera estado deambulando toda la noche me fui a recepción. Ante el mostrador, la cara del recepcionista impasible al verme (estaba muy bien adiestrado, con master y todo) me miró y con aíre de resignación:
—Tal vez la señorita ha tenido algún incidente más… o tal vez, necesita algún servicio antes de salir… — dejando caer su mirada a lo largo de mi vestimenta y en la maraña de mi pelo. Entrecerré mis ojos para mirarle con todo mi odio y respondí.
—No, solo pasaba por aquí, las dos tarjetas de las dos habitaciones me han dejado tirada fuera de las habitaciones con esta pinta que muy bien puede ver. No sé si cortarme las venas o ponerle una reclamación ¿Qué le parece? (Séneca)
            Y así estábamos, él mirándome como el profesional que era, impasible, tragando las tonterías de los clientes y yo con toda mi vergüenza a flor de piel a punto de lanzarme a su yugular cuando apareció detrás de mí la dama de pelo blanco. Mirándome y en un español medio entendible, con mucho acento en las erres, y tocando mi cabellera me pidió disculpas por el jaleo de la noche pasada y que habían decidido retrasar un día más la salida. Me invitó a cenar esa noche con su familia y no podía negarme ya que era su pago por todas las molestias que me habían ocasionado, además le daba la oportunidad a su familia, de ofrecer sus arrepentimientos. Me entregó la tarjeta del restaurante y con altivez me sugirió que no llegara más tarde de las nueve, puntualidad europea y con una sonrisa acariciándome la punta de un mechón, me envío un beso al aire y desapareció.
            No pude responder, como una estatua estaba, en mitad del hall ante la mirada inquisitiva de mi querido recepcionista. Miré la tarjeta y el restaurante era en la plaza de toros. Había visitado yo esa plaza de toros, era majestuosa, bien cuidada del siglo XV y su restaurante muy elogiado, se encontraba dentro.
Nueve de la noche, de la noche de Halloween para los americanos; a punto de entrar en el restaurante de la plaza de toros. Respiré y entré, toda una gran mesa, de catorce personas, se levantaron al unísono, vestidas de gala, todas extranjeras y de varias nacionalidades, nórdicas, rumanas y francesas. Hicieron una reverencia y me indicaron mi sitio. No tuve que esforzarme en hablar inglés, casi todos hablaban un español que se podía entender. Yo esperaba una cena con la familia de la extraña Señora, no esa reunión familiar tan extensa y lo que ya me descolocó totalmente fue, que habían reservado todo el comedor para nosotros. Ni sabía que tenían tanto poder ni que quisieran hacer ese honor a mi persona. Estaba como un flan. Había empezado todo con una llamada de atención a la educación y la dama había conseguido desde el primer momento dejar claro una diferencia de clase; la había acrecentado con este espectáculo. Más que pedir disculpas me estaban dejando claro que yo era un mosquito ante ellos y como había osado regañarles.
            Solo pude sonreír e intentar desaparecer en cuanto hubiera terminado de cenar. Ya estaba pasando mucho ridículo. La cena fue con mucha ceremonia y protocolo, yo veía en cada gesto, una mirada de reojo por parte de la dama, de satisfacción. Me tenía totalmente cercada en mis movimientos, parcos tanto para beber como comer. Exhibía mi simplicidad ante el orgullo de sus compatriotas. Me estaba bien empleado por aceptar. Por caer en la trampa. Era una trampa, se les veía en la mirada. De vez en cuando la dama dejaba pasar su blanca mano ya fuera por mi cutis, ya por mi brazo e incluso se atrevió a deslizar suavemente sus dedos por mi cuello; en cuanto lo hacía era un reclamo de todas las miradas a mi persona. No podía humillarme más. Mi excusa iba a ser que tenía que acostarme temprano porque me iba al día siguiente y tenía que estar descansada para conducir. Tan valiente había sido la noche anterior aporreando su puerta y no sabía cómo huir esta noche de su humillación.
            Llegaron los postres y el café. Con todos mis nervios y tartamudeando puse mi excusa casi sin mirar a nadie en particular e hice ademán de levantarme. Se paró el murmullo y el movimiento, fue como una llamada y todos callados se quedaron expectantes mirándome. Pasaron segundos y me vi en la obligación de repetir mi excusa. La dama casi en un acto de generosidad puso la mano en mi brazo y con una sonrisa me indicó que no me preocupara que lo primero era terminar la celebración de la noche de Halloween.
—Mi querida princesa, esta noche se celebra la noche de los muertos. La vida se termina y aparece la muerte, siempre nos ha dado miedo el cambio como humanos que somos. ¿Tú tienes miedo a la muerte…? Seguramente no quieres morir. Nadie quiere morir a pesar que todas las religiones hablan de la siguiente vida, pero se necesita morir… — Hablaba con ese acento tan marcado en las erres y despacio. Se diría que tenía un propósito determinado, pero no sabía a dónde quería llegar y sin querer me estaba hipnotizando escucharla — Si lo razonas la materia ni se crea ni se destruye, es energía que va cambiando. A lo largo de tu vida va habiendo transformaciones que van “matando” lo que fuiste: de niña a adolescente, de adolescente a mujer, de mujer a mujer madura y al final ya, la vejez. Tu cuerpo y tu forma de pensar han ido cambiado y ni te reconoces en la adolescente o niña que fuiste, pero… en todas, está la constante: Tú, tu conciencia de ser tú. Entonces cuando llega la muerte que es un cambio más y se transforma tu cuerpo en polvo que se incorpora a la materia del mundo ¿Qué pasa con tu conciencia? Si seguimos lo racional, ni se crea ni se destruye, debe pasar a otro nivel ¿Pero hemos de ponerle nuestra lógica cultural? ¿Otro “mundo” en que ya lo definen cada religión de la forma que más les interesa? ¿Y si es un plano diferente...? Eres tú, pero en una situación diferente…
—No lo entiendo, pero me está dando miedo. Hablas como si esta noche debería aparecer la muerte. Y yo quiero irme.
—Entiendo. Pero mi princesa tú interrumpiste una ceremonia ayer noche y, eso, mi princesa es por algo. Esta noche terminaremos lo que se empezó, pero, con un cambio: Tú vas a estar en ella.
—¿Qué tipo de ceremonia...?
Empecé a mirar a cada uno a la cara, no sabía si quería oír la respuesta, sus miradas y sus gestos me parecían que estaban cambiando, como si saliera un animal en cada uno de ellos, sus miradas tenían el brillo metálico de la caza. El corazón me empezó a latir con fuerza y parecía que sus latidos lo estaban oyendo todos, el silencio y el golpeteo de mi corazón me llevaban a entrar en pánico. ¿Qué salida tenía? Estábamos solos y en una plaza de toros. Me estaba haciendo una pequeña idea quienes iban a hacer la faena e iban a salir por la puerta grande. Yo no podía luchar, ni huir, ni siquiera podía mover un músculo, estaba engarrotada y mi mente iba recorriendo imágenes del pasado y del horror que iba a vivir, una electricidad me recorría todo el cuerpo y la creencia real que iba a comenzar el espectáculo al contestar mi pregunta.
—Vas a ser testigo… ¡Que empiece “la hora de la verdad”!
Apareció un cáliz dorado de gran tamaño y con unas incrustaciones en piedras semipreciosas y su contenido era un líquido de color rojo. No podía asegurar, lo correcto era pensar que era vino tinto, pero tal como era la situación y con el nombre de ceremonia, mi impresión me llevaba a intuir que era sangre. La música cambió y ahora eran unos cánticos que bien podían parecer sirenas, el cáliz lo sujetó la dama de pelo blanco y mirándome lo levantó, me hizo una reverencia y bebió un sorbo; fue pasando de mano en mano, todos bebiendo y sentándose después de beber. Nadie me ofreció, ni se me pasó el cáliz, que quedó en el centro ya vacío. Mi temblor y mi terror no me dejaban ver lo que estaba pasando; esperaba una señal en la que se me echaran encima o que me dijeran que tenía unos minutos de ventaja para ir al ruedo de la plaza a luchar. Yo empecé a temblar y cuantos más minutos pasaban en silencio más temblaba, un grito de terror me había nacido en el estómago y subía con la rapidez de una erupción a mi boca para sacar el miedo acumulado. Cerré los ojos, mi cuerpo se estremecía sin poder moverse, mis oídos no oían y seguían esperando percibir la señal. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando abrí los ojos seguía estando en el mismo sitio. En la mesa y todos los comensales incluida la dama de pelo blanco yacían sentados o reclinados sobre los platos vacíos y las copas caídas. Pasaron minutos y vi como por las ventanas estaba amaneciendo. Me senté y esperé ver amanecer, vomité y me lavé la cara, ya no tenía miedo y estaba cansada como si hubiera corrido un maratón. Y me encaminé al Parador.
Todo era confuso, todo lo que había pensado… creído… Me equivoqué, no era, y no me hizo ver la realidad. Creí que me habían escogido para… Sentí terror… y no. Era para ser testigo. Ella habló de la muerte, dijo que era un cambio en nosotros y seguiríamos en otro nivel, pero… ¿Por qué así…? ¿Por qué no esperar a que viniera de una forma natural? Si hubiera seguido hablando con ella, pero el pánico me hizo no poder interrumpirla… no quise seguir… que me contara… Por mi aprensión. MALDITA COBARDIA
—¡Ah! ¿La señorita vuelve de su noche de Halloween? ¿Fue terrorífica…? —Mi astuto y simpático recepcionista que volvía a evaluarme con su mirada impasible de arriba a abajo
—Sí, ha sido terrorífica, se lo ha perdido, y ahora… ¿Podría llamar a la policía que va a estar encantada con esta historia?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
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Foto del autor Mar
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Miembro desde: Feb 03, 2020
3 Comentarios 44 Lecturas Favorito 1 veces
Descripción

Hay veces en la vida que participas en "ceremonias" difciles de asimilar

Palabras Clave: vino copa hallowen

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Ficcin



Comentarios (3)add comment
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Gustavo Adolfo Vaca Narvaja

“La desesperación inunda lo que antes ocupaba el espacio de la confianza..”
JOHN BERGER

Un relato interesante en donde se puede observar desde la llegada de la protagonista a un descanso anhelado, a una situación que transita espacios de cuestionamientos, reclamos, pánicos que no pueden superarse y un estado de “obediencia” casi hipnótica de la protagonista inocente ante la dama de cabello blanco que la lleva a una práctica ritual impensada de sacrificios humanos en una mesa de ofrendas ocultistas y de posesión demoniaca. El recepcionista como cómplice pasivo y un final que no sabemos si el llamado a la policía se concretó.
Felicitaciones Mar
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March 08, 2020
 

Maria Jose L de Guevara

Definitivamente es este un relato que contiene una serie de factores muy plausibles. En primer término toca un aspecto filosófico interesante cuando penetra en la energía inmaterial del ser e intenta definir cuál es su destino verdadero: Nos abre una perspectiva normalmente inpensada sobre la existencia.
Desde otra perspectiva también nos refleja la vulnerabilidad natural que poseemos todos a pesar de considerarnos dueños de nuestros derechos y bien posecionados de nuestros principios: Ciertamente, como la autora nos deja en evidencia, siempre estamos supeditados a las circunstancias.
Por último -- para no abusar en demasía con la propiedad del comentario --, la calidad del dominio gramatical para plasmar la historia en letras es absolutamente considerable, porque se puede agradecer cada punto y cada coma puesta en el lugar adecuado, permitiendo con ello comprender cada intención de los hechos y tiempos descritos ( DIgo esto porque son muchos que no respetan estas reglas y una debe leer dos veces para ordenar el concepto).
Sospecho, mi querida Mar, que estas publicaciones que nos obsequias brotan de una talentosa mano que ha de tener una experiencia anterior y de ser así me causaría un tremendo orgullo y concesión el participar en ellas con mis opiniones.
Un abrazo.
María José.
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March 03, 2020
 

Mar

Realmente nunca había tenido una experiencia en las letras hasta que hace cinco años me levente un Uno de Enero sin haberme tomado las uvas. Me acosté antes de llegar a cambiar el año y tal fue mi enfado por no cerrar el periodo de un año que decidí empezar justo con algo no conocido por mi. Miré por la ventana y estaba lloviendo y pensé: hace día de escribir. ¡Tachan! Me puse a escribir mi primer folio. Y descubrí un placer que nunca había sentido. Solo añadí un curso de escritura.
De pequeña me gustaba leer y ya de mayor la rutina de no parar de hacer me llevaba a la cama tan cansada que no leía. Mal. Muy mal.
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March 04, 2020

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busy