ESPASMOS DEL AMOR
Publicado en Dec 18, 2019
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Fíjese, llevaban veinticinco años de casados, eran la pareja envidiada de la comarca; luego de la Señora de los rulos y su marido, el señor que arreglaba las lámparas petromax, cuyo matrimonio duró como cincuenta años y que se acabó por la desgracia mal venida por allá en una navidad, para empeorarlo todo, cuando entre las alegrías de sus ancianas pasiones, el señor, que ni recuerdo como era que se llamaba, descuidando su oficio, dejó encendida una vela y terminó incendiando toda la casa, muriendo calcinado el pobre, dejando a la señora de los rulos viuda y quien moriría de pena un par de años después cuando se rodó por las escaleras. En fin, como le venía diciendo, ellos eran la pareja envidiable; Ruiseñor, que era el nombre de aquel apuesto hombre de negocios y Milanesa, que era el nombre de la hermosísima secretaria de la alcaldía local. Verlos juntos despertaba las ganas de emparejarse a cualquiera. Algunos llegaron a incomodarse con la especial pareja, tanto que hasta acabaron con sus propias relaciones.
La parejita no era de la región, habían llegado muy jóvenes al pueblo por una temporada, en lo que don Ruiseñor terminaba unos negocios y se irían, pero no, terminaron quedándose hasta el último día que pudieron. Que fue justamente cuando el pueblo entero cambió para siempre. Y es que las parejas de este pueblo miserable y pequeño, tan lleno de polvo que trae el viento de las montañas vecinas, donde la tierra da un montón de hortalizas que causan pena, pues no duran nada. Y se podría decir que casi todos han aventurado con todos, por lo menos Rosita, la hija del carpintero, ha tenido como veinte novios y de su edad en el pueblo solo hay veinte muchachos, o el caso de Reinaldito, el hijo de don Pancho, que tiene como ocho hijos en el pueblo, cada uno con distinta mamá, pues mire que Reinaldito, juicioso el pendejo, estuvo enamorado de tres muchachas y como no funcionó con ninguna le ha tocado quedarse soltero porque si llegase a meterse con otra, le puede resultar una prima o una media hermana y los hijos le pueden salir deformes, o eso le dijo el médico, que tuvo que traer mujer de afuera porque con las vecinas tampoco pudo. Algunos tuvieron que irse por su propio bien y con la facilidad de estudiar fuera pues menos gente en el pueblo, a excepción de las vacaciones que es cuando todos regresan para presumir sus nuevas parejas exóticas y de modales novedosos, para luego terminar igual, los mismos con las mismas y viceversa. Por esto, especialmente, es que Ruiseñor y Milanesa eran tan envidiados.
Cada mañana salían juntos y de la mano, se sonreían el uno al otro, saludaban a todos los vecinos, aunque estos les despreciaran, tenían una relación, por decirlo de alguna manera, nada romántica. Alguna vez, Ruiseñor estaba regando el jardín en un verano y Milanesa le traía en una bandeja un jugo, acto que parecía muy romántico, pero que no se de donde se le ocurrió a ese señor que agarró la manguera y la empapó enterita a Milanesa, mandando el jugo al carajo y el espectacular cabello de la mujer quedó monstruoso, pensé que terminaría en una tragedia, pero para mi sorpresa, Milanesa se echó a reír, corrió hacia su esposo, lo tumbó al suelo y le llenó la boca de pasto y lodo, parecía una loca, me asusté, pero luego, con la ropa sucia se levantó Ruiseñor y cargando a su señora esposa, se entró a la casa. Mi padre decía que ellos estaban enfermos, que no tenían valores y que eran una vergüenza para el pueblo. A decir verdad, yo tampoco entendía aquella relación. En otra ocasión, subiendo una montaña en un domingo, supongo iban de paseo, se retaron a cargarse el uno al otro cuesta arriba. Obviamente Ruiseñor lo hizo con facilidad, cargó a la delgada chica y subió al trote. Sin embargo y aunque era evidente que Milanesa no podría cargarlo, creyendo que obviamente se negaría al absurdo reto, lo hizo. La vi sufrir, sudando, en lo que su amado se reía, habrá alcanzado unos diez metros a lo mucho y cayeron al suelo juntos. La pequeña Milanesa se levantó, se estiró y masajeó su espalda mientras tomaba aire. Pensé que era un abuso por parte del hombre, hasta pensé entrometerme y decirle unas cuantas verdades al engreído ese, pero ahí se quedaron sentados un momento sobre la hierba, abrazados y compartiendo de un mismo vaso una bebida de color rosa. Resulta gracioso pero algunas parejas intentaron copiar algo de los rituales de Milanesa y Ruiseñor, de verdad que resulta jocoso recordar cuando El doctor Pablo, quizá el hombre mas respetado del pueblo y su novia de aquellos días, la señorita Margarita, estaban comiendo helado en las mesitas del parque, y tal cual la pareja maravilla, comenzaron a juguetear, compartir el helado, misma cuchara, una untada de helado en la nariz, risita va, risita viene, hasta que comenzó a tornarse desagradable, el helado cayó sobre el vestido de flores amarillas de Margarita, manchó también el pantalón del doctor y se armó la trifulca; Margarita le estampó el vaso plástico en la cara al doctor diciéndole que era un abusivo descuidado, respondiendo el doctor se levantó y le lanzó agua, llegando al resultado esperado, una separación inminente. Definitivamente, los que intentaron copiar las formas de amarse de la parejita feliz, resultaban haciéndose mucho más daño del necesario.
Hay un sinfín de recuerdos que muchos guardan consigo en el pueblo sobre la pareja, sobre todo porque se amaban a donde iban, si llegaban al centro comercial, subían las escaleras eléctricas abrazados, si estaban mercando en el Fruver, Él cargaba la cesta y ella escogía la fruta, las verduras las escogían entre los dos. Era una relación muy equilibrada aun cuando discutían, porque sus discusiones eran también una cosa de otro mundo. Por ejemplo, una tarde nos cruzamos en un café, no crea que eran amigos míos, no, para nada, pero estaba yo tomando algo y los vi llegar, bueno, todos los vimos llegar; se sentaron, y al ordenar ella pidió una copa de helado de chocolate y él pidió una torta de café con un vaso de leche, cuando el pedido llegó, ella, sin preguntar, tomó un trozo del pastel a lo que él lo halo lejos de su alcance. No sé, pero se aceleró mi corazón cuando ella, Milanesa, la siempre radiante, con su elegante caminar, se puso de pie y se fue del salón. Es increíble, pero puse mi atención en la otra gente, y pude ver su alegría, casi no lo pueden disimular. Esas sonrisas tan evidentes. Unos minutos mas tarde, ella volvió. Ruiseñor había tomado su leche y a penas dejado un bocado del pastel, así cuando milanesa regresó, en silencio comió su helado derretido, miró a su amado y luego de un gesto, se levantaron y se fueron. El pedazo de pastel quedó en el plato, supongo que fue el mayor acto de rebeldía de los dos, un tremendo testigo de orgullo y soberbia. Si, ya sé, eso no parece significar nada. Pero para nosotros, los que veíamos su inmaculado amor, estas cosas eran mucho, ahora sí que entendíamos que eran humanos. Poco a poco, comencé a ver pequeños cortocircuitos en aquellos tortolitos. Y eso que la verdad ni me importaban. En aquel entonces yo era aun joven y los asuntos del amor no me atraían, además mi sueño era ser navegante, pero la presencia de estos amantes tornaba el pueblo en un lugar lleno de cuestionamientos sobre el tema. Nadie lo hablaba directamente, mas bien era como que los hechos lo demostraban, claro, en las parejas. Es que hasta en la moda, mejor dicho, tanto que, a mediados de mayo, será hace un par de años, que Ruiseñor y esposa se fueron de vacaciones por allá a un tour por Europa. No mucho, quince días mas o menos. El asunto es que, durante esos días de ausencia, el pueblo se tornó aburrido, hasta parecía que todos estaban solteros, no había parejas, las mujeres salían solas o entre ellas, ya sabe, a comprar, a tomar café y a resumir las telenovelas. Definitivamente esto era otra cosa sin ellos. Pero volvieron, un sábado en la noche, lo recuerdo, así que el domingo la cosa otra vez se puso intensa. Ruiseñor salía aquel día vestido con una bermuda bellísima, negra con un estilo muy actual, para la época, y ni que decir de sus tenis, un diseño muy masculino, cordones redondos y frescos. Bueno, total es que, para el siguiente domingo, medio pueblo andaba con bermudas, pero como nadie tenia el buen gusto ni el pueblo tenía la tienda para adquirir dicha calidad, pues esto parecía un circo. Bermudas y tenis, hasta yo usaba bermudas y tenis con mis delgadas piernas, eso a nadie le importaba. Al siguiente año, luego de las vacaciones, Ruiseñor trajo un abrigo largo, negro, tipo gánster, elegante, fino. Las tiendas hicieron su mejor esfuerzo, abrigos por montón, en lotes pequeños de veinte o treinta prendas, así que no hubo en el pueblo hombre sin su abrigo, repetidos, pero no importaba, sencillos, rectos, parecían forros para nevera, pero no importaba. Lo mismo pasaba con las mujeres, si Milanesa traía jeans y zapatillas rojas, pues a ninguna le importaba ni talla, ni precio, todas se ponían jeans y zapatillas rojas hasta para ir a la carnicería; si Milanesa usaba straple anaranjado, que por cierto parecía un sol de atardecer cuando lo usaba, que si acaso fue un par de veces, las demás son producto de mi imaginación, pero el asunto es que todas en el pueblo consiguieron straples de color naranja, ¿cómo? No sé. Pero entonces si parecía como que un montón de zanahorias junto con sus amigas calabazas escaparon del mercado y ahora querían conquistar el mundo entero con su alegría anaranjada. Era una locura, pero a todos les gustaba y a la pareja parecía gustarle esto.
Pasaron los años, fuimos creciendo como pueblo, aprendiendo de las formas del amor de la bella pareja, que a nadie le funcionara era otra cosa, pero todos lo intentaban. Pero ahora, hace algunas semanas, Ruiseñor murió. Lo único que se supo es que el hombre estaba medio enfermo y murió en el camino hacia un hospital decente en la gran ciudad, a medio día de camino. Entonces hubo como una especie de stand by en el pueblo. Como que el tiempo se detuvo en un martes, día aburrido. Todo funcionaba pero nadie hizo nada durante días. Murió el ídolo del pueblo, el maestro que enseñaba sin desearlo, con el ejemplo y la elegancia. Fue un mal maestro, bueno no era su culpa tampoco, pero se sentía, algo cambiaba y obvio la pregunta era: ¿y ahora qué?
Vino una comisión extranjera para llevarse a Ruiseñor, su cuerpo claro, porque el recuerdo no se lo iban a llevar. Milanesa estaba destrozada, en todos estos años nunca vi tristeza en su rostro, he visto tristeza en el rostro de mi madre, pero ver a Milanesa triste, es que no era tristeza, era algo más que tristeza, era eso que solo sienten las estrellas cuando mueren y sus rayos de luz viajan a través del universo para encontrar alguna mirada, que ridiculeces le escribo, pero es más o menos, así como yo la veía. Habían pasado tres días, el cuerpo lo velaron en un salón comunal. Al principio, estaba vació, solo los extranjeros estaban ahí, pero la señora Milagros que ya esta muy viejita, llegó hasta el lugar con unas flores y se las entregó a Milanesa, no se lo que le dijo pero le abrazó. Así poco a poco el pueblo entero llegó al lugar, todos fuimos, tuvimos que turnarnos la entrada para ver al difunto.
¿Qué iba a pasar con ese amor?
¿Qué iba a pasar con el amor en las parejas del pueblo?
Lloramos, aun los solteros lloramos.
Y más cuando Milanesa dio su discurso de agradecimiento, del cual el noventa por ciento fueron halagos a su difunto marido y el diez por ciento fue para agradecer a la asitencia y en gran medida a los extranjeros. Claro, nunca fuimos agradecidos con ellos, nunca fuimos unos buenos vecinos, los envidiamos, los imitamos, pero nunca les abrimos la puerta. Yo me sentía de lo peor, un asco.
Al cuarto día ya no había Milanesa ni Ruiseñor, esa casa de dos pisos, con jardín, estaba pálida, en el pueblo solo había silencio, pero así empezamos de nuevo, como don Aurelio, el zapatero, que cambió el nombre de su negocio, ahora era RUISEÑOR – REPARACION DE CALZADO. El restaurante de la familia Ordoñez también cambió de nombre a LAS RICURAS DE MILANESA, ni idea porque ese nombre, pero pudieron hacer algo mejor. En fin, pequeñas cosas que van pasando. Lo mas destacado y que ha valido la pena de toda esta historia es que ahora las parejas de enamorados y los matrimonios se ven mejor. Inclusive, el párroco anunció un gran numero de matrimonios para las próximas semanas. Y bueno, yo he llegado a una edad prudente para irme de casa y ese es el motivo por el cual escribo realmente, tengo la fe de que ha leído las otras cartas aunque no me ha respondido ninguna, bueno, está bien, es este un buen día de una buena temporada, quizás aun queda tiempo, tal vez ya sea el momento, tal vez quieras ser mi Milanesa, no he de llamarte de esa manera ni necesito que seas como ella, me basta con que digas que sí, entonces yo iré hasta donde tu estás.
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Descripción

Una extraa historia de amor.

Palabras Clave: amor desamor espasmos encuentros corazn

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Fantasa



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Serena

Me ha encantado tu relato, hasta yo he sentido ganas de seguir a la pareja y tristeza por el final. Saludos
Responder
January 14, 2020
 

Mario

Gracias... abrazos.
Responder
January 15, 2020

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