Renacer
Publicado en Jan 17, 2018
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Una casa en ruinas, mas no abandonada. Desolación. Perdido entre los escombros, entre las paredes mudas y ciegas, en lo profundo de la sombra del árbol más alto, se encuentra. El aire frío se cuela por las ventanas, que jamás habían estado tan cerradas. El espíritu, acalambrado, grita. Y el despertar es agrio y solitario. Involuntario.
 
Sarcástico el pasado, observa de la escena. Lentamente, miles de músculos comienzan su partida. Inverosímiles, aún no comprenden nada. No comprenden el alcance de lo ahí ocurrido. No comprenden, por sobre todo, lo que hicieron.
 
El viento cuenta historias que jamás ocurrieron. Que no tienen sentido, pero se explican a sí mismas. Una a una van cayendo, como moscas. Y la última agoniza, a la sombra de aquel bello árbol. Aquel árbol que fue la vida, que fue la historia, cuyo destino fue decidido en una noche. Una cálida y hambrienta noche de verano.
 
Testigo cómplice de toda creación y destrucción, la luna iluminó aquel hermoso rostro destrozado. Y esa horrible expresión de muerte, se tornó en un placer casi culpable. Y ese rostro, consciente, pudo al fin llorar.
 
Sutilmente se alejó el fuego, cansado de quemar un árbol caído. Dándole las gracias, un manojo de huesos pudo al fin respirar. Gracias por la compañía. Por ayudar a limpiar, a punta de dolor y de tragedia, toda la inmundicia que alguna vez los contuvo.
 
A medida que la luz se hace tenue, el cuerpo toma forma en el tiempo y el espacio. A lo lejos se puede escuchar, claramente, cómo caen las paredes de lo que alguna vez fue una casa. Cada vez más cerca. Cada vez más lejos.
 
Esos estilizados ojos, maravilla alguna vez, caen a pedazos sobre los escombros. Esos que vieron esa casa crecer, ese árbol refrescar, esas manos amar, esa luna llorar, ahora abren la tierra hasta el abismo más profundo.  Construyen una realidad que destruyen al segundo, temerosos de que alguien, por misericordia, los descubra.
 
Caricias arrasan con la piel, que nunca había estado tan desnuda. Y con la mano en puño, ruegan importancia. Pero ya ni la piel, ni las manos, ni los ojos, ni los huesos ni los músculos, existen. Todo es un recuerdo de otra tierra, como el mismo árbol al fin lo confiesa.
 
En una tarde de otoño, todo acaba. La sombra ya no está, la casa nunca estuvo. Las hojas lo cubren todo, y en pañales, increado, se levanta nuevamente. Ésta vez, para nunca más volver a caer. Para nunca más volver.
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Foto del autor Carlo Biondi
Textos Publicados: 77
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Descripción

Palabras Clave: casa caos destruccion creacion cuento renacer ojos manos musculos cuerpo fuego escombros verano otoo arbol sombra luna luz

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Creditos: Carlo Biondi

Derechos de Autor: Carlo Biondi


Comentarios (2)add comment
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Mara Vallejo D.-

Una historia que en mi concepto está bien contada y se ponen de pie los sentidos, para plaudir su paso!!!
Grato leerte, amigo Carlo.
Abrazos
Responder
January 17, 2018
 

Carlo Biondi

Muchas gracias!
Responder
January 18, 2018

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