Yermos de nadie
y derroches de miel,
que en murra de gritos
expande el silencio,
procura la terneza 
ya sin impaciencia.
 
El páramo se ha regado
y las orquídeas dispersas están.
Recoge tus pétalos
y tus vestidos engalana,
que pronto llega la noche
y tu piel ya sin el roce,
flagela el latir del corazón.
 
Junta tus perfumes
y persiste ante las cumbres 
que el frío es tormento
y las noches tierno lamento.
 
Espera el nuevo día
con el temple de tus luces,
que al final de tu agonía,
llegará la lluvia dulce. 
4450

Cargando comentarios...