Y después de dos mil años
¿Qué de bueno nos entrega la razón? Argumentos hasta para las más banales de las cuestiones, incertidumbres imperecederas clavadas en el fondo del alma.
Como algunos ríos que en su fluir surgen y desaparecen sobre la tierra. Así también, la razón se pierde en nuestra inconciencia.
Habría que levantar de la tumba a todos los sofistas para sentir que el devenir recobra su sabor, pues nunca la erudición y el raciocinio podrán reemplazar la sabiduría que daba cuenta de las ambigüedades del vivir.
Nuestra sangre se revela contra las certezas, y estas han mostrado su inconsistencia, pero vaya paradoja el que aun la especie humana en sus minutos más duros vuelva los ojos hacia dios.
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