Veo hipocresía, mediocridad en la gente que me rodea.
Escuchar todas esas voces susurrando y susurrando, todas alrededor, todas juntas.
Pienso: ¿Que no ves? Si estoy, si oigo.
Decís…” la luz quedo prendida”.
 “Yo la apague”, respondo.
Luces, luces, luces, y lo repetís, lo repetís, con ese tono escondido a lo bajo.
“¿Porque? ¿No tenes más que hablar?”… haces que todo el mundo lo sepa.
Suelo pensar donde ocultas todo ese odio y falsedad, porque con solo verte sé que en vos no cabe... tus mediocridades te superan en masa  a vos misma.
“¿Dónde las guardas?”. O será que hay tanta gente como vos que las sostienen entre todos, solo alimentándose de eso.
Como manadas se juntan, como manadas se comportan, manadas de carnívoros.
 Y como todo carnívoro… la carne los llama.
Buscan la presa fácil,  la débil.
Porque la blandura los hace pavonear  de felicidad, denotando cuanto placer les da el ver a otro a  punto de caer, de ser masticado.
Un regocijo insaciable.
No te confundas,  la debilidad no es más que un aroma que para tu hipocresía pasa desapercibido.
Ups!... sorpresa.
¿Quién es el devorado ahora? Juguemos.
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