Bellos tus labios
que me habéis tocado
esa noche fría
Tus ojos como andalucita
Reflejándose sobre mi
matáis mis entrañas
con tus profundos
ojos.
En el lecho profundo
de la noche nos
encontramos  
con tu inocencia castigadora 
melancolizaba
los silenciosos instantes.
 Una vez más
Insistías en llamarme,
Ama, Señora,
Sobre las sabanas
Se complementaba
la unión perfecta
de amoríos
sensibles
y sensatos.
Los intestinos
Amortecidos
Recorrían sus ácidos.
Paralizó la estatua caída.
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