Un día como ayer te colaste en mi mundo de nuevo...
No sé como lo hiciste si la puerta estaba cerrada.
Creo que eres algo mágico, medio duende...
Pero que bueno que entraras.
Agradezco tu inocente atrevimiento.
Adolecía de alguien como tú. Gracias por entrar.
Eres bienvenido por estos rumbos solitarios donde se dibuja mi vida...
Un día como ayer garabateé algo en mi agenda:
Estaba muy triste sin comprender mucho o nada,
pero los ángeles existen, son pequeños seres hermosos
y tan luminosos que esa luz resplandece desde muy lejos.
Hoy he sentido uno...
Ayer pensé que no te escribiría nada más
que mi saludo agradecido del día...
Pero cómo le hago si mis palabras
siempre se empeñan en querer salir para ti...
Y yo, bueno, soy débil ante la poesía que me viene a hablar de tí...
Estas palabras llegan un día tarde.
No son como tú que llegaste justo a tiempo
cuando estaba al borde de la desesperanza a punto de saltar.
Agradezco otra vez el regalo de tu vida.
Pago por cuotas con poesías, su valor se mide con sentimiento
y con esa emoción que no puede más que expresarse...
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