Soy un niño egoísta
y no tengo amigos...
Algunas veces tengo testigos
y todos acaban teniendo el mismo veredicto.
A mí me da pena ser yo
y nunca me lo he negado;
antes me daba muchísima más pena todo,
ahora menos,
pero nunca se me ha quitado.
Me siento preparado para mucho,
pero creo que jamás creeré merecerlo.
Cada tesoro tiene que merecer serlo
y yo... no puedo estar seguro de ser valioso.
Soy un niño melindroso,
introvertido y muy propenso a sentirse avergonzado.
Soy un niño mimado
por lo bonito que me mostró la suavidad del mundo
que arroparme pudo.
Quizás eso fue lo que me hizo tanto daño:
ser tan tierno,
tener el corazón tan bonito
en un mundo donde la gañanería empieza
desde la edad más temprana y sin remordimiento;
ser bondadoso en un mundo hostil y peligroso.
Yo... no soy débil.
O eso creo.
Últimamente, cada que me afeito, me corto en el mismo lugar en el cuello.
¿Será eso malo a largo plazo?
A veces me da rabia,
porque soy un niño que se quiere integrar
y no sabe cómo hacerlo como bien debería.
Además, soy un niño al que le exaspera la actitud grosera de los demás niños,
que siempre quieren el juego mandar
y entonces no juegan conmigo porque yo, dizque, no sé jugar.
Y me da rabia.
Soy un niño grosero.
Y entonces,
como no pude o no supe jugar el juego de los demás,
prefiero prenderle fuego a la cancha
y decir que el juego nunca valió la pena.
Si no me dejan divertirme con ellos, los odio toda la vida y ya.
Y no me importa quemar la cancha y yo no poder jugar;
no podía jugar de todas maneras,
ellos no me dejaban, no me escogían,
o me escogían para hacerme sentir mal
porque lo estaba haciendo fatal...
Hemos de crecer algún día
y lo bueno entre nosotros será la inmensa lejanía.
Y yo me alejo del niño...
Ojalá alejarme del hombre, del ser, del humano vivo pudiera.
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