Te dan la oportunidad
de declamar tu poesía
en un evento de... ¿slam?
¿Qué es esa mierda?
Igual aceptas
Pa ver qué putas pasa
miro hacia la producción contínua
de mi fábrica de pesadillas
y escojo alguna barbaridad sin mirar,
eso es lo que voy a declamar.
De verdad que no tengo ni puta idea de qué porquería es el slam
Me explican, y yo lo entiendo a mi manera
como lo entenderé TODO en esta gran puta vida,
muchas gracias.
Básicamente,
El slam de poesía suele ser,
nueve de cada diez veces,
una caricatura infumable.
Como todo ámbito de expresión
de lo que se supone
TIENE QUE SER artístico,
Se convirtió en una disciplina
donde prima el teatro,
se crea una la necesidad imperiosa de sobreactuación,
los gritos ensayados
son tan huecos como la supuesta profundidad de piscina de plástico
de los supuestos sentimientos que están exponiendo,
y el tono de víctima exangüe destruida
o de profeta moderno,
neo prometeo portador del fuego
sacratísimo y secretísimo
que de hoy en adelante los calentará.
Es como si hubieran agarrado la poesía,
y una vez puesta en la cama de autopsia
le hubieran quitado el peso,
el silencio y la verdadera entraña,
y la verdad de lo que sale de ellas,
y la hubieran reemplazado
por un espectáculo para complacer a un jurado de bar.
—supuestos sentimientos profundos,
sí, lo puntualizo
para que no quede duda que en duda se los pongo.—
Y al bar llegamos.
Ja, ja, ja! La reacción más honesta y natural del mundo
cuando me introduzco adentro
y miro a esa fila de bufandas,
Miradas perdidas, y vasos de cartón
olor a delirios de superioridad exacerbados, leche borrega, y malinterpretación,
es sentir una profuna animadversión
a esta farsa tan bien estructurada.
Vienen listos para aplaudir la vulnerabilidad del alma,
pero mientras espero mi turno con paciencia
Veo tras la cortina de la parodia
Veo las costuras descosidas, y a todo rey siempre lo veré sin ropa.
En el slam
todo suele sentirse calculado
para rápido impresionar:
la pausa dramática en el segundo exacto,
el cambio de tono de voz
como de declamador de colegio,
en pleno acto cívico
mostrándole el valor a sus compañeritos del salón
a ver si lo entienden de una vez como el ser superior
que siempre ha sido mientras les hizo el favor
de compartir el salón con ellos,
y esa necesidad desesperada
de que el público aplauda
el eslogan efectista.
Al parecer hay muchos métodos de mendigar validación
que insulsa limosna
pero, parece ser muy importante y necesaria,
¿de ahi que hayan tantas formas de buscarla?
La potencia de lo que debería
ser una expresión poética sincera
pierde toda la gracia,
porque no nace de una necesidad visceral
ni del misterio de un alma,
sino del deseo de actuar
y un aplauso fácil ganar
para que el llanto
y el paroxismo casi esquizofrénico
que muestran al agitarse, y agitar tanto las manos
cese, y regrese la sobriedad a sus rostros
cuando se acabe el teatro,
Vuelven a ser seres especiales
levitando por la contínua expulsión de sus peos
completamente trascendentales, místicos
por eso siempre parece depender para flotar del hueco del culo.
No debí haber aceptado esto,
me siento como caminando, respirando, existiendo
dentro de un contexto y entorno altísimamente infeccioso.
Una verdad,
que cae cuál manifestación de indomable poder
Sobre la piedra
no se puede meter por ningún cable en forma de electricidad
para alumbrar bombillos de lamparitas
para que se escriban versitos de gomita.
Para quien trabaja la escritura
desde el hueso,
tallando cada piedra
en el silencio y la gravedad
de la atmósfera enrarecida
de la altura
donde se puede hallar
la montaña melancólica,
con escamas de dragón benevolente
ver a alguien dando manotazos al aire
y recitando
como si estuviera
en una competencia
de oratoria, patrocinada por las entidades culturales del estado
debe, por obligación de alma
que no acepta la puta falsedad
así sus excusas se fundamenten
en lo que no se puede cuestionar:
la vulnerabilidad emotiva,
sentirse eterna, irreversible, tajante y completamente ridículo.
¿Qué fue lo que viste que te dio tanto rechazo?
¿La impostación de la voz o el contenido abombado?
Todo, hasta el color de la puta pared de este antro.
Y me hacen pensar en bastardización,
todos y cada uno de los poetas que están declamando...
Y es que Es exactamente eso:
la prostitución de la catarsis.
Ver a alguien un quiebre emocional simulando
en un escenario con cronómetro,
como si fuera redbull batalla de gallos, esperando a que tres tipos acartonados
levanten un cartón con un número,
es el espectáculo más falso y grotesco que existe en este momento
solo por estar inmerso en él y presenciarlo con mis ojos...
Ese llanto de utilería
de gomita que tirita,
y esos temblores ensayados
de falso bastardo,
no son vulnerabilidad;
son un espectáculo barato
y punto.
El problema del slam, estoy pensando
—mientras esta chica de cabello negro
que parece necesita un baño más que yo,
estregarse con un cepillo más grueso
que el cepillo con el que me tengo que estregar yo,
alza su mirada al cielo—
es que convirtió la herida
en un espejismo
para hacerla
un producto de consumo rápido,
un circense numerito
donde gana el que actúe el dolor
con más efectismo
para manipular la culpa
o el sentimentalismo
de un público que necesita,
como si su vida dependiera de ello
sentirse jueces de almas, y que sea importante su juicio
y si no, no estuvieran ahí sentados
a jueces de almas jugando
creyéndose de verdad
con la autoridad,
la capacidad y el poder real para hacerlo
sentirse la nobleza a flor de piel, aplaudiendo.
Cuando uno sabe,
después de treinta cinco mil ciclos de muerte y resurrección contínuos,
lo que cuesta una catarsis de verdad
—el desgaste físico,
el silencio amargo,
el costo en la carne y en la mente
que deja la escritura
cuyo poder proviene de la Luz Negra—
ver en primera fila
esa sobreactuación
me genera un rechazo físico instantáneo,
como si tuviera que vomitar y cagar al mismo tiempo;
podría hacerlo, pero me chocaría irme de aquí
de un modo tan portentoso
no se merecen verme así, si lo pienso.
Y esto sí que es pasto de rebaño...
Es la degradación absoluta del arte.
Otra más, que pesar tan grande.
Debería ser
hasta un hijueputa crimen
cambiar el misterio y la densidad
que nace en soledad del alma a oscuras,
por un aplauso colectivo
y una palmadita en el hombro.
Que me produzca repugnancia
es el síntoma
de que mi radar está perfectamente calibrado.
Menos mal puedo decir, sentir y asegurarme eso...
Quien trabaja con fuego real
no soporta las chispas de plástico.
Poetas de trululú.
Gomitas de frufrú.
Es la descripción más exacta y precisa
que se le puede dar a esa mugrienta estirpe.
Este ecosistema es fascinante
por lo patético que es.
Es el imperio del cliché
poemas dedicados a "la luna que no me mira",
a "el café frío de tus besos"
o a "las heridas de la sociedad",
todo declamado con esa voz impostada, temblorosa,
de gominola desesperada,
como si estuvieran al borde del colapso mental,
pero midiendo perfectamente el tiro
para que la groupie de la primera fila
quede hipnotizada con el "sufrimiento del poeta"
—"ay, qué frágil y dolido está mi pobre corazoncito de poeta bohemio".—
Lo más gracioso de esa "profundidad" de cartón piedra
es que es una pose de diseño.
Es la poesía vendida al por mayor
para gente que quiere consumir intensidad rápida
sin pagar el precio real de tener palpitantes entrañas.
Es el sufrimiento pret-a-porter
te ponés la bufanda,
ponés la reglamentaria cara de alma torturada,
gritás un par de frases efectistas
sobre el dolor existencial
¡y listo, gonorrea!
ya tenés tu séquito
al final del evento,
ofreciéndote cerveza y aplausos.
Es el arte vuelto utilería de discoteca.
Cuando la poesía se vuelve un concurso de carisma barato
para levantar groupies en un bar de buena o mala muerte,
deja de ser poesía
y pasa a ser un show de comedia involuntaria.
Al menos el stand-up es honesto con su naturaleza,
el comediante sabe perfectamente a lo que va,
sube al escenario a diseccionar una miseria cotidiana,
una estupidez humana
o una desgracia propia,
pero la pasa por el filtro del humor y de la técnica.
No te está vendiendo una misa laica ni se pone una túnica
de mártir en campaña promocional.
El comediante al menos no te engaña
sabe que está haciendo un número,
que el timing importa
y que el objetivo es conectar desde la inteligencia y la risa,
no desde la chantajera manipulación de la lágrima fácil.
En cambio, el poeta de slam
al parecer, necesita disfrazar
su falta de pulso literario
con una pose de profeta herido por el universo.
Necesita que creas
que cada palabra le está costando la vida,
cuando lo único que está haciendo
es calcular el momento exacto
para dar el grito dramático
y llevarse el aplauso de los incautos.
Un buen monólogo de comedia exige ritmo mental,
agudeza, estructura
y una capacidad brutal para leer la sala
sin recurrir a la falsa profundidad.
Al lado de eso, el slam
queda reducido a lo que es:
un circo de autoindulgencia
con ínfulas de alta cultura.
¡Mil veces más digno un buen chiste bien contado que esa ceremonia de imposturas!
Con el nudo infinitamente enorme que se hizo en el estómago,
noto que llegó mi turno.
Me anuncian como la novedad de la noche
y creo que boté el papel que agarré sin ver
Como estoy asqueado
creo que les voy a a hablar desde el asco
no con el asco
¿o si?
sin haberlo decidido, en el escenario me ví
no sabía qué decirle a esas anémonas expectantes,
había oído la languidez patética y mendicante
de cada una de las presentaciones de los declamantes
toda la noche,
incluso los que se juraban subversivos, disruptivos,
saludaban como doncellitas estrenando vestido.
Yo, ni un temblor en la voz
y muchísimo menos pensando en agitar los brazos
o mirar al suelo o al cielo
ni encogerme de hombros,
sin pausa dramática ni gestos de auto compasión,
solo soy yo, devorado por fatuos ojos de seres minúsculos
que parece que estuvieran ahí sentados desde que se creó el universo.
Usaré un tono seco, pausado, cortante ante todo
para recitarles esto:
—Chupadores de verga conceptual
sus putas palabras, no me hacen ni chimba.
Lo siento, culicagada
si tu jugada maestra consistía en
chantajearme con tu vaginita de fresa.
Que pereza la que me invade
teniendo que ser visto y oído por ustedes,
un montón de bastardos borregos
ávidos de show...
Intelectualoides y gansas timoratas,
esto es una gran puta farsa, como sus vidas
por eso se identifican
¿Vienen a ver a parodiantes parodiar
cómo se ve un alma cuando colapsa
para acrecentar su auto estima,
para elevar ese delirio de super putas y de consumidores de arte?
Chupavergas conceptuales.
Otras gomitas...
Trululú los voy a llamar a todos, débiles basuras,
Y me voy a vomitar en sus vestidos, preciosuras
si algún principe de porquería se me abalanza a defenderlas
sepan que tengo una puta pistola que dispara oscuridad fatalista
una navaja que les corta la aorta con prisa,
y estoy listo incluso a que me corten hasta las güebas,
entonces matarme se les complicará.
Esto es una puta parodia y ustedes no son más que vampiros
que se conforman chupando mierda,
y ustedes son mierda plástica y bastarda
lista y preparada para chuparse en la noche
entre cerveza y cerveza.
Ante todo, les deseo que se mueran de la peor forma
aborregada caterva,
y que para siempre chupen la verga que los consuele más.
Y el relámpago me susurra una vez más
en la forma en que lo hace cuando acabo mi tarea
de sacarle la careta a la catarsis falsa
escupiéndoles en la contradicción que se les debe generar
al tenerse que reconocer como chupavergas
que succionan mierda,
querer un vínculo con ellos no era mi meta.
Termino deseando
que la tierra los trague enteros a todos
para acabar con la pantomima.
Y el remate en mi cabeza es magistral:
"¿Quién dijo que yo quería ser maestro?",
eso me corta toda intencionalidad
de haberles querido enseñar nada
y la culpabilidad que por eso sienta
también se anula.
Quiero regresar a mi altura
donde puedo robar una escama al dragón
y escribir el manifiesto sobre alguna piedra.
No darles más importancia ni atención mientras me alejo del escenario
¡Eso es dinamitarlos desde adentro!
Quise expresarles
el asco que me generaron
al tratarlos de chupavergas
en ese poema
donde está condensada
toda la rabia contra la impostura,
del cual el hastío
de tener que mendigar atención
en un mundo de espectadores vacíos,
que no están poniendo verdadera atención,
ni de hacerlo de verdad tienen la intención,
solo quieren espectáculo.
Es mi intacta soberanía
que prefiere un dragón, un cigarrillo y una alta montaña
o un puño,
—Por lo menos la violencia es sincera de verdad—
antes que el aplauso de los mediocres.
Ningún poeta de concurso
resiste un solo verso de un alma
que no venga con intención de hacerse un espectáculo y ya.
No hay animadversión ruidosa,
es solo el silencio absoluto predominando en el bar,
el silencio de una sala
que no sabe qué hacer ante un fuego de verdad
¡Jajajaja!
Es una maravilla.
Venían listos para aplaudir "la vulnerabilidad del alma"
¿Se creerán sus mentiras?
De repente cuando me alejo del micrófono
se dan cuenta de que en lo que les trajo la novedad de la noche
no hay con suelo ni moraleja
ni crea la posibilidad
de un abrazo colectivo al final.
Los cartones piedra del jurado
Buscan desesperadamente con la mirada
Si hay una casilla que diga
"Violencia lírica sin anestesia"
para saber si ponen un 10, o llaman a la policía...
Que hagan lo que les de la puta gana,
yo ya estoy afuera,
Solo al que se siente especial sin serlo le choca la puerta trasera,
yo me voy a mi estepa
allá me encuentro con garzas antropomórficas cuchilleras
y con ellas me pongo a bailar un baile filoso y mortal...
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