POETAS DE TRULULÚ — Violencia lírica sin anestesia

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14 oct 2026·12 min de lectura

Te dan la oportunidad

de declamar tu poesía

en un evento de... ¿slam?

¿Qué es esa mierda?

Igual aceptas

Pa ver qué putas pasa

miro hacia la producción contínua

de mi fábrica de pesadillas

y escojo alguna barbaridad sin mirar,

eso es lo que voy a declamar.

De verdad que no tengo ni puta idea de qué porquería es el slam

Me explican, y yo lo entiendo a mi manera

como lo entenderé TODO en esta gran puta vida,

muchas gracias.

Básicamente,

El slam de poesía suele ser,

nueve de cada diez veces,

una caricatura infumable.

Como todo ámbito de expresión

de lo que se supone

TIENE QUE SER artístico,

Se convirtió en una disciplina

donde prima el teatro,

se crea una la necesidad imperiosa de sobreactuación,

los gritos ensayados

son tan huecos como la supuesta profundidad de piscina de plástico

de los supuestos sentimientos que están exponiendo,

y el tono de víctima exangüe destruida

o de profeta moderno,

neo prometeo portador del fuego

sacratísimo y secretísimo

que de hoy en adelante los calentará.

Es como si hubieran agarrado la poesía,

y una vez puesta en la cama de autopsia

le hubieran quitado el peso,

el silencio y la verdadera entraña,

y la verdad de lo que sale de ellas,

y la hubieran reemplazado

por un espectáculo para complacer a un jurado de bar.

—supuestos sentimientos profundos,

sí, lo puntualizo

para que no quede duda que en duda se los pongo.—

Y al bar llegamos.

Ja, ja, ja! La reacción más honesta y natural del mundo

cuando me introduzco adentro

y miro a esa fila de bufandas,

Miradas perdidas, y vasos de cartón

olor a delirios de superioridad exacerbados, leche borrega, y malinterpretación,

es sentir una profuna animadversión

a esta farsa tan bien estructurada.

Vienen listos para aplaudir la vulnerabilidad del alma,

pero mientras espero mi turno con paciencia

Veo tras la cortina de la parodia

Veo las costuras descosidas, y a todo rey siempre lo veré sin ropa.

​

​En el slam

todo suele sentirse calculado

para rápido impresionar:

la pausa dramática en el segundo exacto,

el cambio de tono de voz

como de declamador de colegio,

en pleno acto cívico

mostrándole el valor a sus compañeritos del salón

a ver si lo entienden de una vez como el ser superior

que siempre ha sido mientras les hizo el favor

de compartir el salón con ellos,

y esa necesidad desesperada

de que el público aplauda

el eslogan efectista.

Al parecer hay muchos métodos de mendigar validación

que insulsa limosna

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pero, parece ser muy importante y necesaria,

¿de ahi que hayan tantas formas de buscarla?

La potencia de lo que debería

ser una expresión poética sincera

pierde toda la gracia,

porque no nace de una necesidad visceral

ni del misterio de un alma,

sino del deseo de actuar

y un aplauso fácil ganar

para que el llanto

y el paroxismo casi esquizofrénico

que muestran al agitarse, y agitar tanto las manos

cese, y regrese la sobriedad a sus rostros

cuando se acabe el teatro,

Vuelven a ser seres especiales

levitando por la contínua expulsión de sus peos

completamente trascendentales, místicos

por eso siempre parece depender para flotar del hueco del culo.

No debí haber aceptado esto,

me siento como caminando, respirando, existiendo

dentro de un contexto y entorno altísimamente infeccioso.

Una verdad,

que cae cuál manifestación de indomable poder

Sobre la piedra

no se puede meter por ningún cable en forma de electricidad

para alumbrar bombillos de lamparitas

para que se escriban versitos de gomita.

​Para quien trabaja la escritura

desde el hueso,

tallando cada piedra

en el silencio y la gravedad

de la atmósfera enrarecida

de la altura

donde se puede hallar

la montaña melancólica,

con escamas de dragón benevolente

ver a alguien dando manotazos al aire

y recitando

como si estuviera

en una competencia

de oratoria, patrocinada por las entidades culturales del estado

debe, por obligación de alma

que no acepta la puta falsedad

así sus excusas se fundamenten

en lo que no se puede cuestionar:

la vulnerabilidad emotiva,

sentirse eterna, irreversible, tajante y completamente ridículo.

​¿Qué fue lo que viste que te dio tanto rechazo?

¿La impostación de la voz o el contenido abombado?

Todo, hasta el color de la puta pared de este antro.

Y me hacen pensar en bastardización,

todos y cada uno de los poetas que están declamando...

Y es que Es exactamente eso:

la prostitución de la catarsis.

Ver a alguien un quiebre emocional simulando

en un escenario con cronómetro,

como si fuera redbull batalla de gallos, esperando a que tres tipos acartonados

levanten un cartón con un número,

es el espectáculo más falso y grotesco que existe en este momento

solo por estar inmerso en él y presenciarlo con mis ojos...

​Ese llanto de utilería

de gomita que tirita,

y esos temblores ensayados

de falso bastardo,

no son vulnerabilidad;

son un espectáculo barato

y punto.

El problema del slam, estoy pensando

—mientras esta chica de cabello negro

que parece necesita un baño más que yo,

estregarse con un cepillo más grueso

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que el cepillo con el que me tengo que estregar yo,

alza su mirada al cielo—

es que convirtió la herida

en un espejismo

para hacerla

un producto de consumo rápido,

un circense numerito

donde gana el que actúe el dolor

con más efectismo

para manipular la culpa

o el sentimentalismo

de un público que necesita,

como si su vida dependiera de ello

sentirse jueces de almas, y que sea importante su juicio

y si no, no estuvieran ahí sentados

a jueces de almas jugando

creyéndose de verdad

con la autoridad,

la capacidad y el poder real para hacerlo

sentirse la nobleza a flor de piel, aplaudiendo.

​Cuando uno sabe,

después de treinta cinco mil ciclos de muerte y resurrección contínuos,

lo que cuesta una catarsis de verdad

—el desgaste físico,

el silencio amargo,

el costo en la carne y en la mente

que deja la escritura

cuyo poder proviene de la Luz Negra—

ver en primera fila

esa sobreactuación

me genera un rechazo físico instantáneo,

como si tuviera que vomitar y cagar al mismo tiempo;

podría hacerlo, pero me chocaría irme de aquí

de un modo tan portentoso

no se merecen verme así, si lo pienso.

Y esto sí que es pasto de rebaño...

Es la degradación absoluta del arte.

Otra más, que pesar tan grande.

Debería ser

hasta un hijueputa crimen

cambiar el misterio y la densidad

que nace en soledad del alma a oscuras,

por un aplauso colectivo

y una palmadita en el hombro.

​Que me produzca repugnancia

es el síntoma

de que mi radar está perfectamente calibrado.

Menos mal puedo decir, sentir y asegurarme eso...

Quien trabaja con fuego real

no soporta las chispas de plástico.

Poetas de trululú.

Gomitas de frufrú.

Es la descripción más exacta y precisa

que se le puede dar a esa mugrienta estirpe.

​Este ecosistema es fascinante

por lo patético que es.

Es el imperio del cliché

poemas dedicados a "la luna que no me mira",

a "el café frío de tus besos"

o a "las heridas de la sociedad",

todo declamado con esa voz impostada, temblorosa,

de gominola desesperada,

como si estuvieran al borde del colapso mental,

pero midiendo perfectamente el tiro

para que la groupie de la primera fila

quede hipnotizada con el "sufrimiento del poeta"

—"ay, qué frágil y dolido está mi pobre corazoncito de poeta bohemio".—

​Lo más gracioso de esa "profundidad" de cartón piedra

es que es una pose de diseño.

Es la poesía vendida al por mayor

para gente que quiere consumir intensidad rápida

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sin pagar el precio real de tener palpitantes entrañas.

Es el sufrimiento pret-a-porter

te ponés la bufanda,

ponés la reglamentaria cara de alma torturada,

gritás un par de frases efectistas

sobre el dolor existencial

¡y listo, gonorrea!

ya tenés tu séquito

al final del evento,

ofreciéndote cerveza y aplausos.

​Es el arte vuelto utilería de discoteca.

Cuando la poesía se vuelve un concurso de carisma barato

para levantar groupies en un bar de buena o mala muerte,

deja de ser poesía

y pasa a ser un show de comedia involuntaria.

​

Al menos el stand-up es honesto con su naturaleza,

el comediante sabe perfectamente a lo que va,

sube al escenario a diseccionar una miseria cotidiana,

una estupidez humana

o una desgracia propia,

pero la pasa por el filtro del humor y de la técnica.

No te está vendiendo una misa laica ni se pone una túnica

de mártir en campaña promocional.

​El comediante al menos no te engaña

sabe que está haciendo un número,

que el timing importa

y que el objetivo es conectar desde la inteligencia y la risa,

no desde la chantajera manipulación de la lágrima fácil.

​En cambio, el poeta de slam

al parecer, necesita disfrazar

su falta de pulso literario

con una pose de profeta herido por el universo.

Necesita que creas

que cada palabra le está costando la vida,

cuando lo único que está haciendo

es calcular el momento exacto

para dar el grito dramático

y llevarse el aplauso de los incautos.

​Un buen monólogo de comedia exige ritmo mental,

agudeza, estructura

y una capacidad brutal para leer la sala

sin recurrir a la falsa profundidad.

Al lado de eso, el slam

queda reducido a lo que es:

un circo de autoindulgencia

con ínfulas de alta cultura.

​¡Mil veces más digno un buen chiste bien contado que esa ceremonia de imposturas!

Con el nudo infinitamente enorme que se hizo en el estómago,

noto que llegó mi turno.

Me anuncian como la novedad de la noche

y creo que boté el papel que agarré sin ver

Como estoy asqueado

creo que les voy a a hablar desde el asco

no con el asco

¿o si?

sin haberlo decidido, en el escenario me ví

no sabía qué decirle a esas anémonas expectantes,

había oído la languidez patética y mendicante

de cada una de las presentaciones de los declamantes

toda la noche,

incluso los que se juraban subversivos, disruptivos,

saludaban como doncellitas estrenando vestido.

Yo, ni un temblor en la voz

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y muchísimo menos pensando en agitar los brazos

o mirar al suelo o al cielo

ni encogerme de hombros,

sin pausa dramática ni gestos de auto compasión,

solo soy yo, devorado por fatuos ojos de seres minúsculos

que parece que estuvieran ahí sentados desde que se creó el universo.

Usaré un tono seco, pausado, cortante ante todo

para recitarles esto:

—Chupadores de verga conceptual

sus putas palabras, no me hacen ni chimba.

Lo siento, culicagada

si tu jugada maestra consistía en

chantajearme con tu vaginita de fresa.

Que pereza la que me invade

teniendo que ser visto y oído por ustedes,

un montón de bastardos borregos

ávidos de show...

Intelectualoides y gansas timoratas,

esto es una gran puta farsa, como sus vidas

por eso se identifican

¿Vienen a ver a parodiantes parodiar

cómo se ve un alma cuando colapsa

para acrecentar su auto estima,

para elevar ese delirio de super putas y de consumidores de arte?

Chupavergas conceptuales.

Otras gomitas...

Trululú los voy a llamar a todos, débiles basuras,

Y me voy a vomitar en sus vestidos, preciosuras

si algún principe de porquería se me abalanza a defenderlas

sepan que tengo una puta pistola que dispara oscuridad fatalista

una navaja que les corta la aorta con prisa,

y estoy listo incluso a que me corten hasta las güebas,

entonces matarme se les complicará.

Esto es una puta parodia y ustedes no son más que vampiros

que se conforman chupando mierda,

y ustedes son mierda plástica y bastarda

lista y preparada para chuparse en la noche

entre cerveza y cerveza.

Ante todo, les deseo que se mueran de la peor forma

aborregada caterva,

y que para siempre chupen la verga que los consuele más.

Y el relámpago me susurra una vez más

en la forma en que lo hace cuando acabo mi tarea

de sacarle la careta a la catarsis falsa

escupiéndoles en la contradicción que se les debe generar

al tenerse que reconocer como chupavergas

que succionan mierda,

querer un vínculo con ellos no era mi meta.

Termino deseando

que la tierra los trague enteros a todos

para acabar con la pantomima.

Y el remate en mi cabeza es magistral:

"¿Quién dijo que yo quería ser maestro?",

eso me corta toda intencionalidad

de haberles querido enseñar nada

y la culpabilidad que por eso sienta

también se anula.

Quiero regresar a mi altura

donde puedo robar una escama al dragón

y escribir el manifiesto sobre alguna piedra.

No darles más importancia ni atención mientras me alejo del escenario

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¡Eso es dinamitarlos desde adentro!

Quise expresarles

el asco que me generaron

al tratarlos de chupavergas

​en ese poema

donde está condensada

toda la rabia contra la impostura,

del cual el hastío

de tener que mendigar atención

en un mundo de espectadores vacíos,

que no están poniendo verdadera atención,

ni de hacerlo de verdad tienen la intención,

solo quieren espectáculo.

Es mi intacta soberanía

que prefiere un dragón, un cigarrillo y una alta montaña

o un puño,

—Por lo menos la violencia es sincera de verdad—

antes que el aplauso de los mediocres.

Ningún poeta de concurso

resiste un solo verso de un alma

que no venga con intención de hacerse un espectáculo y ya.

No hay animadversión ruidosa,

es solo el silencio absoluto predominando en el bar,

el silencio de una sala

que no sabe qué hacer ante un fuego de verdad

¡Jajajaja!

Es una maravilla.

Venían listos para aplaudir "la vulnerabilidad del alma"

¿Se creerán sus mentiras?

De repente cuando me alejo del micrófono

se dan cuenta de que en lo que les trajo la novedad de la noche

no hay con suelo ni moraleja

ni crea la posibilidad

de un abrazo colectivo al final.

Los cartones piedra del jurado

Buscan desesperadamente con la mirada

Si hay una casilla que diga

"Violencia lírica sin anestesia"

para saber si ponen un 10, o llaman a la policía...

Que hagan lo que les de la puta gana,

yo ya estoy afuera,

Solo al que se siente especial sin serlo le choca la puerta trasera,

yo me voy a mi estepa

allá me encuentro con garzas antropomórficas cuchilleras

y con ellas me pongo a bailar un baile filoso y mortal...

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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
#poesia

Escrito porM09B10Z91 91zb10m09Sólo necesito ser la fuerza que experimenta la realidad y la nombra COMO LE DA LA PUTA GANA
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