Llego de una terapia intesiva
11 kilómetros de un camino que no acalla mi cabeza
pero igual es una victoria moverte y no reventarte en plena caminata,
ciertamente rebosas de vida y fuerza
aún si no la sientes, no importa.
Cada que te comprometes como tus letras
ciertamente, dejas ver
que tu abismo
no es para hacer bungee jumping de turisteo
ni está abierto para todo público.
Me prometo a mi mismo escribir sobre algo mientras estoy escribiendo
y se me olvida después, cuando acabo
y me separo
y pienso en la separación siempre como en lo más complicado
estar cercano, eso es lo que quiero,
tener impulso en mi movimiento,
y no reventarme por dentro.
Aunque a veces siento
que me gustaría sentir el tormento
que sintió el el sol antiguo de mi vida antes de apagarse por completo,
le dio sepsis, es decir, se infectó con lo cochino y sucio de si mismo,
lo asqueroso que produjo pudrió todo lo otro;
quisiera reventarme a veces y sentir eso
porque me siento mal por estar vivo yo, y no mi sol
por no estar reventado
y no poder quedar podrido,
y todavía hoy no creo merecer estar aquí, descansando
después de haberme azotado caminando, solo para comprobarme que puedo hacerlo
y no pasará nada malo después conmigo..
No creo merecer ser feliz y estar vivo menos,
aún si quiero de verdad creérmelo
con toda la fuerza de mi cabizbajo corazón,
que tiene dolor en las manos
por no poder tener la oportunidad de recibir
pero sobre todo por no poder haber dado,
haber dado muchísimo...
Cuando me lo estoy creyendo
de pronto, aparece algún miedo
y me roba mi brillo, apenas naciendo.
Los monstruos que me mantienen sin luz,
disfrutan comiéndose las que ven que en mí van surgiendo
así, neonatas, para dejarme gris en el silencio
de la impotencia de saberme dentro
de una caja tablero
observado desde arriba por los más desagradables y horripilantes monstruos.
Cargando comentarios...