Un cóctel de cianuro, besos, cariño y sudor.
Llueve y el sonido del crepitar de las gotas me sosiega el alma. Me calma y me transporta a otro espacio, a otro momento alejado de esta fría oficina que poco o nada significa para mi. Todo es gris afuera: Las nubes, el sol que no ilumina, los hombres en sus trajes y las mujeres con sus paraguas abiertos, el vaho que deja el frío sobre ese cristal que me separa del mundo exterior...Si, efectivamente todo es gris.
"Hace frío, cierto?" Comenta un cliente con voz nasal y cantarina, diciendo algo que para la mayoría sería obvio, menos para mi ya que no siento nada, no siento frío, y aunque todo lo vea gris mi sentido del tacto no se conecta con el de la vista y mi piel permanece caliente, pues me encuentro en estos momentos perdido en los recuerdos húmedos de una cama donde mi cuerpo arquea la espalda lentamente en sutiles movimientos tan precisos y tan quirúrgicos que muchos podrían pensar que se trata de una coreografía estudiada con anticipación. "Hace frío, cierto?" Repite aquel hombresillo con voz nasal y yo sonrío diciendo "Si, hace frío" pues el cliente siempre tiene la razón.
Ahora la oficina se encuentra nuevamente desierta, solo somos mis recuerdos y yo que se encuentran bañados por el gris de la tarde que inunda esta ciudad en la cual nunca para de llover. A cada ráfaga de viento mi cuerpo siente cosquillear aquellas manos que me inspeccionan y recorren sin pudor alguno, sin timidez, solo armadas de deseo y ternura; son ese coctel que me embriaga con solo traerlo a mi mente y me aletarga, me hace lento y al mismo tiempo vulnerable como si fuera un ebrio al cual el efecto del alcohol se le empieza a terminar, quedando solo aquel sabor amargo del licor en la garganta como prueba indeleble de algo que ya pasó.
Evoco entonces el recuerdo de tus manos como una feliz borrachera de la cual aún no he podido recuperar mis sentidos, siguiendo a la deriva, perdido en esa nube tóxica de placer etílico. En esos besos tuyos que son como un trago de tequila que raspa mi garganta y solo puedo encontrar descanso en el limón dulce de tu lengua sonrosada que ahora escudriña mi boca como para comprobar que me he bebido toda tu saliva de un trago y sin pensarlo. Somos dos ebrios, el uno encima del otro, dando vueltas en una cama mientras al fondo suena una canción de rock en español de esas que tanto te gustan y que dejan en tu cara una expresión de melancolia que me desarma. En esos momentos quisiera agarrarte y darte un beso tan fuerte que me transportaras a aquella época que no viví y que recuerdas tan febrilmente, pero me contengo y miro sonriendo como un idiota, regalándote la comisura blanca de mis dientes.
Hace frío, pero yo solo siento calor, como si el camino de tus caricias, besos y sudor hubiesen quemado para siempre mi piel. Y yo sigo aquí perdido en esos recuerdos alicorados de ti, en esas sonrisas que me robas más allá de las lágrimas que también me has arrancado. En estos momentos solo pienso en esos besos tuyos que son un poco como la felicidad, un poco como el cianuro, un poco como un coctel que bebo de un trago y sin pensarlo.
"Hace frío, cierto?" Comenta un cliente con voz nasal y cantarina, diciendo algo que para la mayoría sería obvio, menos para mi ya que no siento nada, no siento frío, y aunque todo lo vea gris mi sentido del tacto no se conecta con el de la vista y mi piel permanece caliente, pues me encuentro en estos momentos perdido en los recuerdos húmedos de una cama donde mi cuerpo arquea la espalda lentamente en sutiles movimientos tan precisos y tan quirúrgicos que muchos podrían pensar que se trata de una coreografía estudiada con anticipación. "Hace frío, cierto?" Repite aquel hombresillo con voz nasal y yo sonrío diciendo "Si, hace frío" pues el cliente siempre tiene la razón.
Ahora la oficina se encuentra nuevamente desierta, solo somos mis recuerdos y yo que se encuentran bañados por el gris de la tarde que inunda esta ciudad en la cual nunca para de llover. A cada ráfaga de viento mi cuerpo siente cosquillear aquellas manos que me inspeccionan y recorren sin pudor alguno, sin timidez, solo armadas de deseo y ternura; son ese coctel que me embriaga con solo traerlo a mi mente y me aletarga, me hace lento y al mismo tiempo vulnerable como si fuera un ebrio al cual el efecto del alcohol se le empieza a terminar, quedando solo aquel sabor amargo del licor en la garganta como prueba indeleble de algo que ya pasó.
Evoco entonces el recuerdo de tus manos como una feliz borrachera de la cual aún no he podido recuperar mis sentidos, siguiendo a la deriva, perdido en esa nube tóxica de placer etílico. En esos besos tuyos que son como un trago de tequila que raspa mi garganta y solo puedo encontrar descanso en el limón dulce de tu lengua sonrosada que ahora escudriña mi boca como para comprobar que me he bebido toda tu saliva de un trago y sin pensarlo. Somos dos ebrios, el uno encima del otro, dando vueltas en una cama mientras al fondo suena una canción de rock en español de esas que tanto te gustan y que dejan en tu cara una expresión de melancolia que me desarma. En esos momentos quisiera agarrarte y darte un beso tan fuerte que me transportaras a aquella época que no viví y que recuerdas tan febrilmente, pero me contengo y miro sonriendo como un idiota, regalándote la comisura blanca de mis dientes.
Hace frío, pero yo solo siento calor, como si el camino de tus caricias, besos y sudor hubiesen quemado para siempre mi piel. Y yo sigo aquí perdido en esos recuerdos alicorados de ti, en esas sonrisas que me robas más allá de las lágrimas que también me has arrancado. En estos momentos solo pienso en esos besos tuyos que son un poco como la felicidad, un poco como el cianuro, un poco como un coctel que bebo de un trago y sin pensarlo.
2650



Cargando comentarios...