Tu nombre se escribe en mi piel: Me deslumbro

entre latires frágiles y en mundo reverente.

Repite mi sien tu sílaba en reflejos tercos

e indiferentes que detonan en el espejo.

Acidulado estoy en mi alma trémula

derramándose mi sangre en una pausa.

Extrovertidas te formas entre helechos

haciendo libación de un vino suave:

Andas cubierta de miel, hogaza y leche

y eres ese Pan que bien se estima y se lleva a la boca con cuidado.

Tu musicalidad también se asperja sobre los montes de color bermejo.

Eximia eres en las fábulas que tararean sin ansiedad los eminentes.

Como locura eres de durazno y de sabor magnífico y sencillo.

En su espacio secreto vibra la amapola al pasar tus trazos coherentes.

Eres aquello inmenso que traspasó la idea y se definió en toda transparencia.

Iridiscente vas entre los almácigos poniendo las semillas de tu siembra.

Y yo giro en tu cuerpo de oleaje al lomo de tus andares descubiertos.

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