Tú y tus puñales

siempre se entierran

en mi pupila

de vista ciega.

Vaga metralla

corta y aterra

y no hay bondades

en tu melena.

Y eres preciosa

y eres mi reina

que a latigazos

mi alma golpea.

Sigo los rastros

de los exégetas

que circularon

tras tus caderas.

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