Separados en el tiempo de los olvidos y de la incertidumbre en el nunca poder verte. La desolación de mi alma se aferra a la sola esperanza del sueño perfecto, en el que aparecías como ángel y me decías todo va estar bien con una cálida mirada. No quiero despertar, porque solo en ese mundo es en el que vivo, es donde respiro felicidad, la cual solo hallo al lado tuyo. Esta incambiable realidad me abruma con su agotadora rutina y vaivén de vanidades. Te escogería a ti mil veces, tu mantienes mi alma candente y rebozando de alegría. ¡Oh, que cruel no poder tenerte! Una vez más, cierro mis ojos, y una sonrisa se escapa de mis labios porque te encuentro. Ya no temo más pues tu potente voz me guía y ese infinito instante se inmortaliza.
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