TRISTEZA.
 
    Esa tarde de verano la princesa llorò. Sintiò làstima por ella y por toda esa vida miserable que habìa llevado hasta ese momento.
    Sintiò làstima por todos aquellos que la rodeaban, inmersos en la misma miseria y cubiertos de la misma inmundicia.
    Sus làgrimas rodaban dibujando en sus mejillas surcos etèreos de amargura, no podìa detenerlos, tenìan vida propia, eran indomables, inquebrantables.
    Era grande su pena, grande su dolor...
                                      ...
    Dos, tres horas despuès todo habìa pasado, las làgrimas se habìan secado.Se levantò de la hierba fresca, y como llegò se marchò.
 
 
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