TRECIENTOS UNO
Trecientos uno
Tras la puerta de las sorpresas,
dos cuerpos rotos componiendo
las más bellas melodías,
sintonizando una mirada,
un abrazo que aprieta el alma,
se comparte cada latido que acompasa.
Trecientos uno, tres noches,
cuatro letras que acompañan,
un cuarto, afuera los pájaros festejan
tatuando su canto en cada hoja que baila,
dos nombres, dos cuerpos sincronizando
pasos de bailes, abrazos que no sueltan.
La sonrisa cómplice en esos suspiros
que no dicen palabra, tan solo la mirada,
la caricia, el pensamiento secreto,
esos aromas que se quedan grabados dentro,
las letras de las canciones intactas dentro del alma.
Volar, volar dentro de cada uno,
sentir las emociones descontroladas,
el silencio después de los gemidos compartidos,
la quietud de la noche, sobresaltos en la cama,
guardando cada uno de esos momentos,
el cigarro, dos copas de vino, el brindis,
un cuarto, un poema, trecientos uno.
Sachy
Tras la puerta de las sorpresas,
dos cuerpos rotos componiendo
las más bellas melodías,
sintonizando una mirada,
un abrazo que aprieta el alma,
se comparte cada latido que acompasa.
Trecientos uno, tres noches,
cuatro letras que acompañan,
un cuarto, afuera los pájaros festejan
tatuando su canto en cada hoja que baila,
dos nombres, dos cuerpos sincronizando
pasos de bailes, abrazos que no sueltan.
La sonrisa cómplice en esos suspiros
que no dicen palabra, tan solo la mirada,
la caricia, el pensamiento secreto,
esos aromas que se quedan grabados dentro,
las letras de las canciones intactas dentro del alma.
Volar, volar dentro de cada uno,
sentir las emociones descontroladas,
el silencio después de los gemidos compartidos,
la quietud de la noche, sobresaltos en la cama,
guardando cada uno de esos momentos,
el cigarro, dos copas de vino, el brindis,
un cuarto, un poema, trecientos uno.
Sachy
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