Fuga. Fuga, fuga, fuga...
En el cerebro de Beethoven anida una fuga
que rompe la melodía, que abre un nuevo tiempo
de la música vienesa... Fuga.
Y el viejo músico atraparla quiere
cuando entra en agonía, y cuenta
por minutos sus días. Lucha
hasta la madrugada, quiere de su mente enferma
sacarla y liberarela, fuga, fuga... lo átono
ha nacido: no hay movimientos, tonos
ni finales deslumbrantes. Es un fluir
continuo de la sangre, el viaje interminable
de las nubes por el cielo. Es una fuga
concebida como el aliento de lo divino.  
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