Leyendo a Cortázar me imaginé
los boxedores sucios y sangrantes,
con un brillo de sudor por todo el cuerpo,
cual si fuera el aura de dos santos,
me imaginé tu rostro en uno de ellos,
golpeando y siendo golpeado,
como caías al suelo, te levantabas,
al otro combatiente te abrazabas,
bailabáis,
sobre el tapiz del ring una danza caliente
los dos bailabáis, golpe a golpe,
beso a beso, y tú, mi amor,
eras uno de ellos. 
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