En otro congelado sitio de mi cabeza
se hayan martirizados mis querubines
hervidos con líquidos desprevenidos.
Heme aquí,
vagabundeando por las calles de Sheol.
Entre balas disparadas
y resortes oxidados.
Mi alma mantiene el equilibrio
aguardando a que lo imprevisto
se lleve todo.
Estaré allí,
cuando la metamorfosis haga su trabajo
y la repudiación interna me consuma por completo
en violentos frenesís
de cólera y combustión…
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