Hoy, cuando desperté, todavía estaba allí ésa carta que hace unos dias cierta persona
 se molestó en escribirme. 
 Ahora me pesa mencionar su nombre. Quisiera no haber tenído la fortuna de conocerla.
 Aquella persona es tan extraña. Me desconcierta muchas veces, me saca de quisio. Aún no
 puedo creer que síga pensando en sus palabras; todo aquello que un día me compartió sin
 más razones que las de un ser que sólo estaba aburrido. Sólo intuí comportamientos inciertos.
 Me molesté en tratar de compartirle mi tiempo y también mis pensamientos.
 Se pintó una historia de rutinas banales y voluntades concupiscenciales.
 Al final, sólo me quedaron sus palabras lastimosas y llenas de verdad.
 Volviendo crueles mis fantasías me regresó a respirar amargura. Solamente pude tomar su
 carta y dejarla en mi buró.
 No tendría porqué estar recordando todo ésto, de no haber sido por la insignificáncia de
 voltear a ver, por accidente, su trozo de papel doblado, ésta mañana cuando desperté.
 No podía creer que todavía estaba allí. 
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