Los tiempos han estado extraños.

Con un gobierno de ultraderecha, ¿cómo no?

Las noticias manejadas por ellxs mismxs, tergiversándolo todo, y todo el día consumiendo lo mismo.

Vas al supermercado y el carro que antes llenabas ya no alcanza. Todo va subiendo, menos los ánimos y los sueldos.

Sigo observando los rostros de descontento. ¿Cómo no?, si nos tienen todos los días con la soga en el cuello.

Las propuestas de leyes parecen ser propuestas para más sometimiento.

Estoy triste y cansada de esto.

¿Quién no? Si vamos decayendo.

Tengo tantxs amigxs cesantes como yo, endeudadxs para subsistir. Sí, como lo leen bien: subsistir.

El sueño del hogar propio está demasiado lejos.

El sueño de tener un trabajo estable parece ser un sueño imposible, un mal sueño.

Continúan los amedrentamientos en las marchas pacíficas por exigir que no se promulguen leyes que no nos representan.

Están eligiendo ellxs por sobre nuestrxs cuerpxs, por sobre nuestro futuro.

Estoy tan cansada y triste que ni escribiendo se calma esto.

Díganme, por favor, cuándo se acabará este mal sueño.

Despiértenme cuando Chile despierte.

De lo contrario, seguiré durmiendo en las mazmorras de los sueños frustrados de tantxs trabajadorxs que lucharon para que esto no ocurriese.

Seguimos con una constitución que generó un dictador que masacró a un país completo a su antojo.

Que derramó sangre sin pensar que esa sangre tenía nombre y apellido.

Que, hasta el día de hoy, muchxs siguen buscando lxs cuerpxs.

Esto no es un manifiesto; repito, no es un manifiesto.

Es mi descontento, como el de mi país, como el de mi patria.

Que siento que hoy se está muriendo.

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