Tiempo decante.
Que se espera si no la sombra, dueña de la luz. Que la asfixia con su cuerpo frio y lúgubre, que envenena las formas. Que se esparce por las losas, que acompaña a los hombres.
Horas insuficientes se apoderan de mi carne. Un tic tac artificioso retumba en mi memoria. Porque su paso envenenado y diminuto, solo es el recuerdo instantáneo de una vida que no es mía. De una calma fracturada, entre la sombra de los tiempos.
Esperare a que el sol se alce, dormitare sobre las cosas que me aguardan, Me aproximare a la muerte como una promesa.
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