Tanguito macabro
 
Como un breve esputo
que salía de su boca;
lento en el palpitar de sus yemas,
donde se desasía el aroma a tabaco negro y ron.
 
Animal de calle; andrajo perdido
en el último delirio de las hojas que volaban
a media noche en la estación;
tan al despojo del tenue mercurio del paisaje.
 
Las noches de neblina
en el quinto banco al cielo de unas chapas podridas;
dormitando tu alegría de ansia joven
y perdida en los rincones de tu estar.
 
En el brillo de tus ojos
donde asienta la locura de los que no volamos.
Veo espejarse las despedidas de tu vida;
todas las miradas que cursaste.
 
Allí donde has incurrido de manera religiosa
perdiendo al redentor en el camino
 de lo que se tiene que dejar,
olvido que te roza en los tobillos desnudos.
 
 
como una tibia religiosidad perdida
en el diamante percudido de tus pómulos;
en tus secos y estrellados cabellos
peinando canas a la sombra de esas gentes.
 
Más cuanto tango habrás bailao,
de milongas tardecitas en cinturas;
de pebetas y ginebra,
del bell cream a la raya de “Carlitos”.
 
Todavía se distingue en tus zapatos,
de colores  combinados sin cordones.
Macho chaparrón, de conventillo y margarita,
Dicepolin perdido en tus fragmentos.
 
Tetrabrik que se vuelca de tus manos al cordón.
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