Susannah
Susannah se desnuda todas las noches en un Night-Club privado.
Baila sensualmente mientras se quita las prendas hasta quedar sin nada que la cubra, de pie, bella y erguida, Susannah es mi debilidad, mi despertar gay.
El público indiferente aquel día, apenas si la miraba, aunque después se batían a duelo por invitarla con una copa, la excusa habitual.
Ella aceptaba alguna invitación siempre, al mejor y si le gustaba, probablemente se iría con él a las 4 de la mañana, hacia algun lugar que nadie sabe, porque tampoco nadie pregunta lo que no debe. Porque a nadie le incumbe algo que es casi un ritual todas las noches.
La noche que llegué con Hernan, mi amigo de Méjico DF, la elegimos para compartir nuestra cama. Hernán me había hablado de ella y como hacía tiempo que me estaba pidiéndo un trío, yo había aceptado con la condición de poder elegir a la mujer. El me había dicho que Sussa, como la llamaban, era muy pata y solo por ser él, lo hacía de amiga nomás, por placer y confianza. El dinero siempre lo corrompe todo, Hernan tiene una relación con Sussa, se conocen desde chicos.
Apenas la vi supe que me gustaba, era trigueña y en aquel instante estaba haciéndo su show Me ubiqué cerca para observarla, era fina, delicada, era argentina. Tenía los pechos medianos, caderas armónicas, lindos glúteos. Era esbelta y proporcionada. Suplía la voluptuosidad requerida por una perfomance de esa naturaleza con movimientos gráciles y estudiados.
La invitamos con un tequila y aceptó, vino a nuestro reservado y casi inmediatamente nos gustamos. Luego de varios tequilas, nos abandonamos a mil y una atrevida caricia, nos besamos en la boca. Hernán dijo celoso , "Basta chicas, paren un poco". Inmediatamente supe que la amaba, lo sentí en la piel, en las manos.
En el hotel hicimos de todo, los tres nos prendimos a la teta como terneros guachos. La penetré y fué mía. La untosidad de su sexo, su olor a malva y el olor a lluvia sobre los árboles de su cabellera.
Nos volvimos muy loquitos los tres, qué bien la pasamos.
Hernán quedó de cama, nosotras siempre pedíamos mas y mas... jamas nos fatigábamos
¡Pobre Hernan, qué turras somos las mujeres!
Desde ese día me persigue su olor y el sonido de su risa
" Susana te extraño, volveré en Julio con la excusa de ver a mi abuela, solo para preguntarte si querés venir al Paraguay conmigo, me muero por tu respuesta, decime que si o me mato"
Baila sensualmente mientras se quita las prendas hasta quedar sin nada que la cubra, de pie, bella y erguida, Susannah es mi debilidad, mi despertar gay.
El público indiferente aquel día, apenas si la miraba, aunque después se batían a duelo por invitarla con una copa, la excusa habitual.
Ella aceptaba alguna invitación siempre, al mejor y si le gustaba, probablemente se iría con él a las 4 de la mañana, hacia algun lugar que nadie sabe, porque tampoco nadie pregunta lo que no debe. Porque a nadie le incumbe algo que es casi un ritual todas las noches.
La noche que llegué con Hernan, mi amigo de Méjico DF, la elegimos para compartir nuestra cama. Hernán me había hablado de ella y como hacía tiempo que me estaba pidiéndo un trío, yo había aceptado con la condición de poder elegir a la mujer. El me había dicho que Sussa, como la llamaban, era muy pata y solo por ser él, lo hacía de amiga nomás, por placer y confianza. El dinero siempre lo corrompe todo, Hernan tiene una relación con Sussa, se conocen desde chicos.
Apenas la vi supe que me gustaba, era trigueña y en aquel instante estaba haciéndo su show Me ubiqué cerca para observarla, era fina, delicada, era argentina. Tenía los pechos medianos, caderas armónicas, lindos glúteos. Era esbelta y proporcionada. Suplía la voluptuosidad requerida por una perfomance de esa naturaleza con movimientos gráciles y estudiados.
La invitamos con un tequila y aceptó, vino a nuestro reservado y casi inmediatamente nos gustamos. Luego de varios tequilas, nos abandonamos a mil y una atrevida caricia, nos besamos en la boca. Hernán dijo celoso , "Basta chicas, paren un poco". Inmediatamente supe que la amaba, lo sentí en la piel, en las manos.
En el hotel hicimos de todo, los tres nos prendimos a la teta como terneros guachos. La penetré y fué mía. La untosidad de su sexo, su olor a malva y el olor a lluvia sobre los árboles de su cabellera.
Nos volvimos muy loquitos los tres, qué bien la pasamos.
Hernán quedó de cama, nosotras siempre pedíamos mas y mas... jamas nos fatigábamos
¡Pobre Hernan, qué turras somos las mujeres!
Desde ese día me persigue su olor y el sonido de su risa
" Susana te extraño, volveré en Julio con la excusa de ver a mi abuela, solo para preguntarte si querés venir al Paraguay conmigo, me muero por tu respuesta, decime que si o me mato"
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