Son casi las siete de la tarde, el metro debe estar lleno, pero en fin, como siempre pasa, aun con este asunto de los colores, igual se llena. Esta comenzando a llover, me encanta la lluvia, es hora de ir a casa. Ya estoy en la en la estación Plaza de Armas, haciendo fila para ingresar al andén, de pronto.... escucho mi nombre a la distancia,... miro a todos lados, y casi frente a mí,  ¡ oh Dios ! Esos ojos que nunca pude olvidar, ¿ cuántos años han pasado ya ?, esos ojos que me miran y sonríen siguen siendo luz para mi vida, avanzo lentamente tratando de recuperar el aliento ante esta bendita sorpresa del destino,... ya estoy a un par de pasos de sus brazos que extendidos me esperan y me estrechan fuertes, acogedores, ese abrazo que me eleva, siento que floto, giro y giro entre sus brazos.
Que decir después de tantos años, un hola no es suficiente, luego del impacto de nuestro fortuito encuentro, nos despedimos con un "hasta pronto" y cada uno continúa su camino en direcciones opuestas.
Como tocados por algo ambos al unisonó giramos y volvemos a quedar frente a frente, y sin más toma mi mano y me conduce hacia el andén, " bajaremos en la estación Bellas Artes, susurra a mi oído, en el café de siempre", solo me dejo llevar, mi corazón late a mil, se que el suyo también, esperamos la llegada del metro en silencio, pero sin dejar de mirarnos a los ojos y sin soltar nuestras manos, "esta vez te llevo conmigo", vuelve a susurrar en mi cuello y siento ese temblor que recorre mi cuerpo, me dejo llevar, mis pies parecen no tocar el suelo, solo sé que de su mano subiré al séptimo cielo.
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