Su nombre me hiere como las espinas bajo la arena,
Mis pies la profanan y sangran,
Y siguen caminando sin encontrar la tregua.
Me lastima como los ojos ajenos renuncian a la condena.
Su nombre transpira sorpresa,
Pero es indefinido el eco de su pausa.
 
De aquel nombre, sus consonantes  emergen con mi sangre…
Con la nave del fondo del mar.
En oxido y sal, con los huesos sin rostros ni piel.
De mi aliento, su nombre deleita sus vocales,
Temiendo desaparecer, siendo semblante de adusta pared:
Agrietada y cavernosa entre las salinas costeras,
Aun cuando las espinas bordan la calzada.
 
Donde encuentro sus letras, encuentro vacío.
Encuentro su nombre sin apellido, sin piel y es peligro
Y colmillo feroz e incierto.
Vapor de su aliento que arde
Y quema mis labios ásperos al nombrarle.
Sin historia ni fotografía, audaz como el viento y las mañas,
Frecuenta como el eco en el cañón:
Solitario, sin grafía y con oculta identidad.
 
Luis J. Cabré. 
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