Soy el reproche de la existencia
un cuerpo sin sombra,
sin presencia.
 
Soy la bruma
que asombra
por su espesura.
Soy el ángel caído,
lo que aún no has percibido.
 
Portadora soy
de ventura y desventura;
del blanco y del bruno,
pues muerta en vida estoy
casi al borde de la locura.
soy lo inoportuno.
 
Soy lo eterno de la amargura
y lo efímero de la ternura.
Soy, precisamente,
(lo digo muy indulgente),
lo que no soy.
 
Y cual trovador,
al mundo le canto
mi gloria y mi deshonor,
entre acordes muertos
ahogados en el espanto,
como viles esperpentos
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