Me entregó estas palabras para que las mostrara:
 
 
Silencio y vacío en medio de la nada.
Barca abandonada al asedio indolente de
la noche obscura en el centro mismo de un océano eterno,
es lo que siento tras tu cruel partida…
 
Cierto es que yo misma te alenté a preferirla,
con brutal sacrificio, pero con justos argumentos.
Mas al separarla de ti la muerte,
en la dicha de mi alma se había instalado una esperanza…
Sin embargo,
el destino despiadado, ahora,  te escogió a ti,
relegándome al olvido.
 
Helena
(tu otra mujer).
 
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