Después de la agradable ducha, secándose la cabeza, entró en el dormitorio. No prendió la luz. No quería despertarlo. En la oscuridad se puso el camisón que buscó a tientas de debajo de la almohada. Dejó sus pantuflas sobre la alfombrita verde junto a la cama. Su celular lo apoyó en la cómoda junto a sus anteojos.
Juntó como podía sus medias y la ropa interior que había dejado en el suelo al desvestirse un rato antes. Sentía la necesidad de ordenarlas, no sea que... si la encontraban alguna mañana... no quería continuar el pensamiento...aunque... pobres, de todos modos, era enorme el desorden que les dejaría...
Trató de escuchar en la sombra del ambiente una respiración. El silencio casi voraz la hizo sobrecogerse. Corrió las sábanas y las frazadas, y ya estaba en la cama. Se movía cuidadosamente. Sabia cómo se enojaba cuando ella se permitía esas trasnochadas. No eran por trabajo... paveaba en la PC o bien se enganchaba con la TV - y eso no lo entendía... a veces se quedaba leyendo. Siempre lo hacía y lo sigue haciendo. Vas a quedar ciega --- te estás arruinando la vista.
Ningún ruido, ningún movimiento. Las frazadas la envolvieron y formaron el hueco junto a su espalda como si su mano extendida ayudaba a abrigarla. Un amago de tibieza la invadió.
En el jardín ladró uno de los perros. Agradeció por el día que había tenido y se recostó más hacia su izquierda. Percibía su olor.
Allí se encontraba la almohada de él. No extendió el brazo. La sábana helada la arrancaba de su otro sueño.
*
SandaliasRecuerdosKant El Copernico de la Filosof{iaKant-El Copérnico de la filosofíaEl anecdotario del escribano - Cuento 2oksoy muy consentidaJuntó como podía sus medias y la ropa interior que había dejado en el suelo al desvestirse un rato antes. Sentía la necesidad de ordenarlas, no sea que... si la encontraban alguna mañana... no quería continuar el pensamiento...aunque... pobres, de todos modos, era enorme el desorden que les dejaría...
Trató de escuchar en la sombra del ambiente una respiración. El silencio casi voraz la hizo sobrecogerse. Corrió las sábanas y las frazadas, y ya estaba en la cama. Se movía cuidadosamente. Sabia cómo se enojaba cuando ella se permitía esas trasnochadas. No eran por trabajo... paveaba en la PC o bien se enganchaba con la TV - y eso no lo entendía... a veces se quedaba leyendo. Siempre lo hacía y lo sigue haciendo. Vas a quedar ciega --- te estás arruinando la vista.
Ningún ruido, ningún movimiento. Las frazadas la envolvieron y formaron el hueco junto a su espalda como si su mano extendida ayudaba a abrigarla. Un amago de tibieza la invadió.
En el jardín ladró uno de los perros. Agradeció por el día que había tenido y se recostó más hacia su izquierda. Percibía su olor.
Allí se encontraba la almohada de él. No extendió el brazo. La sábana helada la arrancaba de su otro sueño.
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