El sueño la estaba venciendo, sus párpados se estaban cerrando de una manera prácticamente inconsciente. Sus labios estaban agrietados, fríos. Y su rostro ya comenzaba a sentir la congelada nieve atravesar sus mejillas. Sus manos eran otros dos cubitos de hielo. Sus piernas comenzaron a danzar, dando un paso hacia atrás, otro adelante. Pero no estaba bailando. Estaba prácticamente en la punta del iceberg, en la punta de una montaña. Un paso más hacia delante, y podría sentir el vacío rodear su mente. 
Pero no iba a hacerlo. 
No quería hacerlo.
Ya había sentido las garras del destino abrazar su subconsciente. Y no quería volver a repetir la experiencia de sentirse caer al vacío. Así que en vez de caminar hacia delante, lo hizo hacia atrás. Seguía estando al borde de la montaña, pero quería buscar otra salida, una que no estuviera llena de miseria. 
Uno, dos.
Tres, cuatro.
Otro paso. Y ya estaba apoyada sobre una pared. Una pared que estaba más caliente que el mismísimo sol. Si la tocabas, tu mano podía verse carbonizada. Pero ella no era normal. Así que por mucho que sintiera el calor en su mano, esta no sufría ningún daño. 
Aún así la pared seguía estando caliente, muy caliente. 
Sentía su corazón tamborilear su cabeza. No estaba nerviosa, ¿por qué estaba nerviosa? La gente siente ese sonido cuando sus nervios están a punto de estallar. O quizás no. Quizás sienten ese sonido cuando su mente quiere decirles algo. Que dejen de tocar el fuego. Deja de tocarlo. 
Tiene que buscar ese punto intermedio, pero no lo encuentra. La línea está entrecruzada entre ambos lados y es muy difícil alinearla. Es imposible cruzarla. O no, ¿que es algo imposible? Aquello que no es posible. Y aquello que no es posible es hacer que tu mente quiera estar en un lado intermedio. 
Vuelve a salir del fuego. Esta vez no hay frío. 
Pero sigue habiendo calor. Su mano sigue caliente. Su mano está roja. ¿Por qué roja? ¿por qué azul?
Junta las dos manos.
En un intento por pensar que eso va a alinear la linea inalienable. 
Las frota.
Quizás así funciona. 
Y lo hace. Abre los ojos, ve el techo de su habitación. El rosado de siempre. Todo vuelve a ser normal. 
600

Cargando comentarios...