Si un día muere mi afán de escribir versos
-herido de rutinas, de ciencia o de bostezos-
sabría que he perdido un trozo de mi alma.
Y si acaso me viera, conservando la calma,
mirando al horizonte como quien no ve nada,
sabría que medio muerto he perdido el instinto,
de no dejar morir a quien veo padeciendo.
Habría muerto completo en ese mismo instante,
ya no sería uno, ni el otro de mucho antes,
ni poeta, ni médico, ni amante y menos loco…
Aún teniendo todo, me quedaría tan poco…

Si un día muere mi afán de escribir versos…
Si un día mueren los sueños por vivir…
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