CUALQUIER AMANTE DIRÍA
Pasan las siete, brilla la luna y un par de estrellas;
se ha ido el sol, gana el silencio ya tras las puertas;
y va una nube gris… con una marcha incierta…
Y aunque lloviera… Ya no te quedas despierta…
Pasan las siete, brilla la luna sobre las calles desiertas…
Un trago de ron, quizás de vino. Ya la tormenta se acerca.
Cualquier amante diría que ésta es la noche perfecta.
Tu allá, estando tan sola, yo con las ganas a diestra.
Pasan las siete, brilla la luna ya de neblina cubierta.
Una amalgama de grises va conquistando su fuerza.
Casi contagia al alma de esa su furia tan densa…
Ya las noches de verano, se han declarado en huelga.
Pasan la siete, brilla la luna, la lluvia suelta sus riendas.
Sopla la brisa tan tierna, bailan cortinas de seda…
Y los recuerdos de lluvia van cayendo como flechas;
gotas contra la ventana van arrastrándose lentas.
Pasan las siete, brilla la luna, tiembla la luz de una vela.
Cualquier amante diría que ésta es la noche perfecta.
Entre el tremor de una vela y el paso de las centellas
Los besos y las caricias crean su obra a ciegas…
Pasan las siete, queda la luna ya en la tormenta envuelta.
Y yo me pierdo pensando en infinitas maneras
De lo que pudiera ser, lo que no fue y no era…
No será, y quizás sea, en un eventual poema.
Pasan las siete; cae la lluvia; una oculta luna llena;
Tachados luceros; brillan centellas y hasta la luz de una vela;
brisa que mece cortinas de seda;
suave susurro de una tormenta viajera;
Y aunque es de noche, ¡Vaya que noche!
Ya no hay más noches, como las noches aquellas…
se ha ido el sol, gana el silencio ya tras las puertas;
y va una nube gris… con una marcha incierta…
Y aunque lloviera… Ya no te quedas despierta…
Pasan las siete, brilla la luna sobre las calles desiertas…
Un trago de ron, quizás de vino. Ya la tormenta se acerca.
Cualquier amante diría que ésta es la noche perfecta.
Tu allá, estando tan sola, yo con las ganas a diestra.
Pasan las siete, brilla la luna ya de neblina cubierta.
Una amalgama de grises va conquistando su fuerza.
Casi contagia al alma de esa su furia tan densa…
Ya las noches de verano, se han declarado en huelga.
Pasan la siete, brilla la luna, la lluvia suelta sus riendas.
Sopla la brisa tan tierna, bailan cortinas de seda…
Y los recuerdos de lluvia van cayendo como flechas;
gotas contra la ventana van arrastrándose lentas.
Pasan las siete, brilla la luna, tiembla la luz de una vela.
Cualquier amante diría que ésta es la noche perfecta.
Entre el tremor de una vela y el paso de las centellas
Los besos y las caricias crean su obra a ciegas…
Pasan las siete, queda la luna ya en la tormenta envuelta.
Y yo me pierdo pensando en infinitas maneras
De lo que pudiera ser, lo que no fue y no era…
No será, y quizás sea, en un eventual poema.
Pasan las siete; cae la lluvia; una oculta luna llena;
Tachados luceros; brillan centellas y hasta la luz de una vela;
brisa que mece cortinas de seda;
suave susurro de una tormenta viajera;
Y aunque es de noche, ¡Vaya que noche!
Ya no hay más noches, como las noches aquellas…
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