¡Oh señora Tormenta!
Por el sacudón la aborrecí,
preguntándome ¿por qué a mi?
 
¡Oh señora Tormenta!
A decidir usted me empujó.
Y en mí valentía
a confiar decidí.
 
¡Oh señora Tormenta!
Ahora que a la calma invité
y sus sugerencias acepté.
La dejo ir por donde entró.
¡Gracias señora Tormenta!
 
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