Estabamos todos sentados en circulo en la frialdad del valle que aguardaba. Yo conocía solo a la chica que se sentaba un par de metros mas allá, Luna. Al frente de ella, 2 turistas de origen checheno que se integraban sin manejo del idioma pero con una concentración abismal. Siguente a ellos, con una expreción eterna de desagrabio, estaba Román; Un tipo de unos 42 años, con una barba
desagradablemente sin afeitar y resgos de que hubo, habia y habra sangre en sus ojeras prominentes, relataba una historia que mantenia a Luna y a mi en un trance desorbitado al borde del asco.
Roman habia vivido toda su vida en aquel valle ,perdido entre dos grandes carreteras por el norte, y su vida habia sido alejadas de todo problema aparente. Exepto en este paraje que relataba con
una pena inundante.

< Una mañana, cubierta por la bruma inteligible de los inviernos agotadores de antes, seguí mi rutina tal cual lo habia echo durante toda mi vida; Despertar solitario en mi casa, caminar desnudo
hasta la cocina, prender la radio que captaba tan solo una onda, y torturarme con el café y la soledad.
Sentado frente a la radio, con el café aun humeante y mi cuerpo aún desnudo, el locutor permanecio en silencio. Luego con una voz quebradiza contó el tragico suceso que mantenia a todos pegados
a la radio. Habia muerto la ultima prostituta de todo el valle. Mi amor, mi salvación y mis verdades.
Mi razón habia muerto arrollada por el frio matinal, borracha a las afueras de un bar.
Con los ojos inundados y sin antes darme una ducha, me enluté y con un clavel ya marchito (que pensaba regalarle una de esas noches) partí nadando en la desidia y la pena de un amor muerto. Llegue a la plaza central, donde estaba expuesto su cadaver encima de una manta floreada, digna de su belleza menguante,  4
velas en sus correspondientes candelabros y un circulo con los pocos habitantes que miraban destruidos y obnubilados el rostro de la amante que se secaba.
Mientras todos yacian paralizados no pude aguantar el dolor y me avalanze quitandome la ropa sumido en el llanto mas conmovedor,
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hasta caer ensima del cuerpo inerte. Empeze a arrancarle su vestido  mientras recitaba a gritos los versos que le prometí y nunca entregue, y al tenerla completamente desnuda, la penetre como nunca, gozando con la liberación pasional que busque entre tantas noches que permanecí callado haciendole el amor.
Al instante los vecinos y habitantes, fueron retrocediendo respetuosamente, hasta dejarme en soledad junto a mi amante... Ahora mi soledad es mucho mas amarga>>

concluyó dando un largo trago a una botella de agua ardiente. Luna me miró, sonrio y avanso silente hasta la cabaña. Los Chechenos
se dispersaron y yo silencioso saqué la botella de agua ardiente para encerrarme en la cabaña con Luna.
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