REFLEXIÓN DE OTOÑO
Hojas caídas, vientos fríos, los pisos de muchos colores, días cada vez más cortos, noches cada vez más largas. Y ahí, en el medio de todo eso, nosotros. El mundo una vez más en un proceso de cambio, ajeno a nosotros, ajeno a nuestros pensamientos y sentimientos. Inicia el cambio, nadie lo detiene, nadie nunca lo detendrá. Y ahí, en el medio de todo eso, nosotros. Los árboles se despiden de sus hojas, las dejan ir, sueltan, y esperan, saben que nada dura para siempre, y si lo bueno se acaba, lo malo también, y sueltan y esperan, y en el medio de todo eso, nosotros. Los días se hacen más cortos, el sol se aleja, las noches toman cada vez más poder, se apoderan del mundo las tinieblas, y en el medio de todo eso, nosotros. Pero nosotros, nosotros no somos ajenos a todos los cambios, los vemos, los sentimos, los estudiamos, los observamos, pero yo me pregunto: ¿Reflexionamos? ¿Aprendemos algo de pura casualidad?
Quizá sea hora de aprender de la naturaleza, de aprender del mundo, como lo hicieron siempre nuestros ancestros, entender que los cambios son necesarios, que las cosas se acaban, que algo debe morir para volver a nacer, que así como el árbol pierde sus hojas y tiene la seguridad y tranquilidad de que pronto tendrá nuevas hojas, así nosotros podamos dejar ir a las personas, a los problemas, a las dificultades, con la certeza de que mañana es otro día, con nuevas personas, nuevos problemas y nuevas soluciones, nuevas dificultades que nos ayudan a crecer. Si tan sólo el otoño, fuera para nosotros un momento de reflexión, nos daríamos cuenta de que podemos morir con el sol, iniciar nuestro proceso de muerte, dejar ir muchas cosas malas, para comenzar a pensar en las cosas buenas. Lo que sembramos hoy, lo cosecharemos mañana, si sembramos cosas buenas, buenas cosas vamos a obtener de la cosecha. Mente positiva, sonrisa en el rostro, frente en alto. Y cuando pasemos al lado de una hoja caída, pensar que su ciclo terminó, pero pronto una nueva hoja cumplirá su misión, que es natural, que somos nosotros, que cumplimos nuestra misión en la vida y nos marchamos. La hoja sabe cuál es su misión, pero… ¿sabemos nosotros cuál es la nuestra?
Quizá sea hora de aprender de la naturaleza, de aprender del mundo, como lo hicieron siempre nuestros ancestros, entender que los cambios son necesarios, que las cosas se acaban, que algo debe morir para volver a nacer, que así como el árbol pierde sus hojas y tiene la seguridad y tranquilidad de que pronto tendrá nuevas hojas, así nosotros podamos dejar ir a las personas, a los problemas, a las dificultades, con la certeza de que mañana es otro día, con nuevas personas, nuevos problemas y nuevas soluciones, nuevas dificultades que nos ayudan a crecer. Si tan sólo el otoño, fuera para nosotros un momento de reflexión, nos daríamos cuenta de que podemos morir con el sol, iniciar nuestro proceso de muerte, dejar ir muchas cosas malas, para comenzar a pensar en las cosas buenas. Lo que sembramos hoy, lo cosecharemos mañana, si sembramos cosas buenas, buenas cosas vamos a obtener de la cosecha. Mente positiva, sonrisa en el rostro, frente en alto. Y cuando pasemos al lado de una hoja caída, pensar que su ciclo terminó, pero pronto una nueva hoja cumplirá su misión, que es natural, que somos nosotros, que cumplimos nuestra misión en la vida y nos marchamos. La hoja sabe cuál es su misión, pero… ¿sabemos nosotros cuál es la nuestra?
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