Cada día era el mismo: se despertaba con el despertador, extrañaba la nostalgia, pensaba en pensar, ideaba ideas, comía comida, contaba cuentos, soñaba sueños y con sufrimiento sufría su aburrido tedio en calmo silencio.
Un día no despertó, ni pensó, ni ideó y echó de menos la monotonía. En silencio.
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