Sociega este fragor que habita en mí. Condúceme sin tregua hacia la playa de tu vientre
donde nacen mis deseos más ocultos.
 
 
Quiero ser la rompiente, en donde sabe recalar tu nave
y en sutil movimiento quebrar tus barreras, tus silencios
En una suerte de suave acercamiento, en táctil sensación
 
 
percibir tu respuesta de pasión intensa
y vivirte en combustión desde tu piel
en flamígera acción ver tu emoción al degustar la fruta;
que en eterna devoción nos encadena. . .
 
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