Un baúl de recuerdos. Lugares, detalles, sensaciones, frases, lagrimas, sabores, emociones.
Dolor, resentimiento, culpa, odio. Por los errores, el egoísmo y/o los excesos.
Lamentaciones de lo que no fue, ilusión de lo que pudo ser, esperanza de lo que algún día podrá ser.
Acaso, una almohada con mil aromas nuestros y del mundo.
Una lista de canciones que nos regresa a lo que fuimos o fingimos ser.
Quizás, una caricia perdida entre las sabanas, buscando convertirse en orgasmo.
La explosión de celos y enojo con la que el orgullo se atragantó tantas veces.
Una bolsa llena de cursilerías que están por arder en el fuego del olvido.
A lo mejor, excusas, disculpas y mentiras que construyeron la mejor de las fantasías para dos.
Un “no me olvides” marchito, que nos recuerda que el olvido existe, tú ya has olvidado antes, y yo no recuerdo a nadie más.
 
No, nada de eso queda. Después del adiós no queda ni las ganas de volver.
 
Por eso te pregunto, ¿Acaso, es este el adiós?
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