Somos amigos de toda la vida. Un día entro en tu despacho, te miro a los ojos y veo la autentica maldad reflejada en ellos. Los contornos se desdibujan, como si quisieran mostrar al demonio que se esconde detrás. De repente entiendo todo. Eres un psicópata, un ser hecho para el mal, un camaleón.
Sonríes, con sonrisa falsa, y me invitas a entrar. Ya te has dado cuenta de que lo sé. Veo el abrecartas sobre la carta. Quieres matarme.
Salgo de allí intentando ordenar mis pensamientos. Lo que ven mis ojos nadie lo puede negar. Necesito pruebas contra ti. Nadie me cree. Sólo yo lo veo. Miles de recuerdos surgen que reafirman lo que sé. Unos pocos son verdaderos, otros dicen que son inventados. Pero yo los recuerdo bien.
Pero nadie puede negar la evidencia de lo que veo. Y por supuesto, tus amigos son ahora mis enemigos. Pienso a toda velocidad. El miedo me impulsa a ello.
Al final, unos genios consiguen darme una pastilla que consigue devolverme a la realidad, y miles de pensamientos falsos caen.
Pero milagrosamente guardo el recuerdo de la increíble historia.
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