Prólogo
I
¿Alguien oirá estas palabras
mientras juega con sus sueños?
¿Alguien observará lo escrito
cuando vague por el mundo?
Todos han pisado el polvo
que cubre los ojos,
de las dulces tristezas y las dulces caricias.
Sin tinieblas no hay día;
sin lágrimas, sonrisas.
Recuerda que somos dioses
porque todo lo vemos.
Recuerda que yo no hablo,
son tus ojos los que gritan.
He sido una prostituta
con miles de colores.
Yo soy la música maldita
que condena al cosmos
y el ritmo ardiente
que destroza las fantasías.
En un alcohólico sueño
me he visto caminando
solo y desarreglado, con el pelo al viento,
y una falsa sonrisa tatuada en la faz.
II
Los sordos oirán y los ciegos observarán
todos los colores que germinan en el bosque.
Y las estrellas cantarán un canción blasfema
que será maldita hasta el fin de los tiempos.
La lluvia será de miel
y los hombres, mirando el cielo
beberán la espuma que cae desde las alturas.
Se escucharán nuevas voces.
Esperando el amanecer juego con las palabras.
Formo una alta torre, laberinto de sueños,
que aparecen en la noche
como estúpidos incendios.
Se queman los cuerpos de miles de fantasmas
y un árbol asesino se burlará de ellos.
Te regalo una flor luminosa
que brillará en tu pecho,
como brilla el deseo y la ansiedad
que guardas dentro.
Seres fornicando con pensamientos obscenos
llenarán sus carnes con locuras y secretos
que se vuelven realidad
mientras fornicas con ellos.
La melancolía vuela,
sin misterios,
sin recuerdos.
Con fe esperaré
que se abran las puertas del cielo
y me reciba un coro de dioses
entonando himnos melodiosos,
todos desnudos, formando una ronda,
con caras de niños y mentes despiertas.
Lloraré cuando se acabe el mundo.
¿Estará mi nombre en el libro de Dios?
Perdón.
¿Alguien oirá estas palabras
mientras juega con sus sueños?
¿Alguien observará lo escrito
cuando vague por el mundo?
Todos han pisado el polvo
que cubre los ojos,
de las dulces tristezas y las dulces caricias.
Sin tinieblas no hay día;
sin lágrimas, sonrisas.
Recuerda que somos dioses
porque todo lo vemos.
Recuerda que yo no hablo,
son tus ojos los que gritan.
He sido una prostituta
con miles de colores.
Yo soy la música maldita
que condena al cosmos
y el ritmo ardiente
que destroza las fantasías.
En un alcohólico sueño
me he visto caminando
solo y desarreglado, con el pelo al viento,
y una falsa sonrisa tatuada en la faz.
II
Los sordos oirán y los ciegos observarán
todos los colores que germinan en el bosque.
Y las estrellas cantarán un canción blasfema
que será maldita hasta el fin de los tiempos.
La lluvia será de miel
y los hombres, mirando el cielo
beberán la espuma que cae desde las alturas.
Se escucharán nuevas voces.
Esperando el amanecer juego con las palabras.
Formo una alta torre, laberinto de sueños,
que aparecen en la noche
como estúpidos incendios.
Se queman los cuerpos de miles de fantasmas
y un árbol asesino se burlará de ellos.
Te regalo una flor luminosa
que brillará en tu pecho,
como brilla el deseo y la ansiedad
que guardas dentro.
Seres fornicando con pensamientos obscenos
llenarán sus carnes con locuras y secretos
que se vuelven realidad
mientras fornicas con ellos.
La melancolía vuela,
sin misterios,
sin recuerdos.
Con fe esperaré
que se abran las puertas del cielo
y me reciba un coro de dioses
entonando himnos melodiosos,
todos desnudos, formando una ronda,
con caras de niños y mentes despiertas.
Lloraré cuando se acabe el mundo.
¿Estará mi nombre en el libro de Dios?
Perdón.
6880
Cargando comentarios...