PROFUNDAMENTE SORPRENDIDO

Como sea las gotas
encuentran un pasaporte de colores
o una cuchara empática
para dejarse transportar
en una acalorada tarde de verano.

Cuando un suspiro duele
y se instala en el ojo de la luna
las libélulas pierden
el hábito de sorprendernos.

Ellas, las libélulas
me han confidenciado
su anhelo de lucir plumas.

Detrás de los círculos
y de los secretos escondidos
hay una densa chismografía farandulera.

Prefiero suspender el juicio
pues no deseo ser demandado por la estupidez
por vulnerar sus derechos de autoría.

Las gotas andan en busca de tinta incolora
o en su defecto,
de lágrimas de papel diamante.

Sin embargo, giran desorientadas
en la humareda de unos pastizales
cuando se inicia
un incendio de colores
en hilarantes espejismos de humanidad.

Hay algo extraño en esta crónica involuntaria
que prefiero dejarlo guardado
en un frasco gris.

Yo creo las libélulas
bien pueden dibujarse plumas con tinta incolora
pero no tengo los medios suficientes
para demostrar mi argumento.

En todo caso,
estoy profundamente sorprendido.   


E.D.A 
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