En el baúl
recopilo cenizas
en mis ropas labios
en mi cuarto solitario fotografías festivas de tu sombra.
¿Por qué tenías que saber volar?
¿Por qué tuviste que ser un mudo, un ciego, un poeta?
No se cristaliza el pálido cristal
el daltónico jardín
y el salado suspiro.
Rompo en llanto cada que río
y nunca lloro para que no despida a la risa
hablo solo para pedir el auxilio
y me callo solo para reconocer las voces en el espejo
donde el vapor tiene tus huellas
donde la cama tiene tu nombre
donde hasta el mío trae consigo el seudónimo
y las garras.
Cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que me
dije querer...
ya no existe el son
la última vez fue cuando me enseñaste a olvidar
mi vanidad y no quererme
para eso existía tu presencia muerta.
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