Pasion Secreta
Gozaba del placer casi perverso, palabra a palabra fuimos absorbiendo, no había venido a repartir ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. Un dialogo anhelante corría por nuestros labios, se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, nada había sido olvidado: a partir de ese instante.
Empezaba anochecer, se sentía un aire fragoso y un silencio estremecedor, encendiste un cigarrillo, te escuche hablar, perseguí inagotablemente tu verdad, pero ya ves escojo el silencio o lo que todavía es mejor me fui quedando dormida, arrullada casi por tus imprecaciones previsibles con los ojos entrecerrados mezclo por un segundo las primeras ráfagas de los sueños, te confieso con amor que el deseo es posible y la reconciliación. No es por eso que te acaricio en la penumbra verde del amanecer, es casi dulce pasear mis manos por tus hombros y mis dedos por tus labios y así bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome hacia a ti respirando tu aliento, pero los dos ya conocemos demasiado ese juego absurdo, como para creer en él, es preciso que abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo ya vencido luche por evadirme, tengo que dominarte lentamente y eso tú lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia no muy particular, me ciño a tu placer, ahora por fin nuestro ritmo se ahondo en movimientos lentos, pausados, vagamente me acaricias, voy mordiendo tus labios mientras el amanecer nos envuelve y reconcilia esta materia temblorosa, este amor secreto.
Empezaba anochecer, se sentía un aire fragoso y un silencio estremecedor, encendiste un cigarrillo, te escuche hablar, perseguí inagotablemente tu verdad, pero ya ves escojo el silencio o lo que todavía es mejor me fui quedando dormida, arrullada casi por tus imprecaciones previsibles con los ojos entrecerrados mezclo por un segundo las primeras ráfagas de los sueños, te confieso con amor que el deseo es posible y la reconciliación. No es por eso que te acaricio en la penumbra verde del amanecer, es casi dulce pasear mis manos por tus hombros y mis dedos por tus labios y así bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome hacia a ti respirando tu aliento, pero los dos ya conocemos demasiado ese juego absurdo, como para creer en él, es preciso que abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo ya vencido luche por evadirme, tengo que dominarte lentamente y eso tú lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia no muy particular, me ciño a tu placer, ahora por fin nuestro ritmo se ahondo en movimientos lentos, pausados, vagamente me acaricias, voy mordiendo tus labios mientras el amanecer nos envuelve y reconcilia esta materia temblorosa, este amor secreto.
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