Para mi plenitud están tus dávidas en la bravura de tus frondas
y las ligeras curvas que a mi rezago atrapan.
En la lluvia de besos sedosos me imagino
entre ramos bermejos y con muy terso ombligo
añadido a tu cuerpo de lacia cabellera no apto a la sevicia coloreandote selvática.
donde es ni hay la vileza no trepar tus cumbres, tus surcos, tus macizos muy bien delimitados y las siempre enrojecidas cimas bordeadas de un añil mayor que silencioso y virando en tu vértigo
y tu pigmento oscuro ha desatado en mí, las hambres incipientes de tu sabor a arcilla, a pectoral crispado entre hojuelas de plata
y las más tiernas lenguas que entre mis labios briosos que te piensan y tiemblan
tomándote por luz y muy cierto candil que flamea en sus surcos dando pan y semilla al que miró al Olimpo consiguiendote diosa ornamentada y vivida.
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