Jardín de mi casa.Huele a rosas. Estoy en el medio con los ojos cerrados,  los brazos abiertos y siento el sol en la cara. Me acuesto sobre el césped. Intento no respirar y cierro nuevamente los ojos. ¿morirse será así?  
Pensaba en la muerte desde pequeña. No la comprendía. Pensaba que era como quedarse dormido. Que ese era el motivo por el que no podia volver a hablar con las personas que me decían se habian muerto. Y por eso mismo, siempre buscaba mirar el rostro en el ataúd. Pero ni aún así entendía qué pasaba después. 
 
Me contaron que se iban al cielo, pero yo no sabía que era eso. Suponía que era un sitio con nubes donde todos estaban vestidos de blanco. Que debía sentirme feliz de que por fin descansaban. Al paso de los años, esta idea se fue desdibujando cada vez más. 
La idea de la muerte, del final, regresa a mi como un vaivén. El paso de los años y mirarme frente al espejo han logrado por fin que intente preocuparme un poco más por hacer todo lo que pueda mientras respiro. 
 
Viviendo lejos fui más consciente de todo. La vida no duraba nada. Me habian regalado (no sé quien) unos años que duraban muy poco y que no me serían devueltos si los echaba a perder. Comencé a mirar de reojo hacia atrás. He pasado mucho tiempo pensando en todo lo que no llegó a mi. Corría detrás de todas las tormentas. No conocía la sensación de detenerme en medio de las montañas, abrir los brazos, cerrar los ojos, respirar aire puro y sentirlo todo.
 
Desde que vivo lejos, las personas que quiero han ido desapareciendo. La muerte se ha hecho presente y no volveré a verlas. Aún no consigo entender esa idea. Sigo teniendo también, la incertidumbre de no saber que vendrá después. Ya no es lo mismo, ahora sé que me queda menos tiempo.Lo curioso es que  los sueños se han incrementado y las ganas de hacer todo lo que me hace feliz también.
 
 
 
 
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